Leandro y Lisandro

(LEANDRO N. ALEM 1842-1896 y LISANDRO DE LA TORRE 1869-1939 son personajes importantes de nuestra historia. Ambos murieron suicidados y son considerados víctimas de las malas prácticas de la política y de la función pública.

Sus vestimentas, elegantes pero algo raídas y desprolijas, corresponden al tiempo en que vivieron, El aspecto físico de ambos deberá responder, en la medida de lo posible, a lo que muestran retratos y fotografías.

En el escenario hay un imponente muñeco o forma androide que significa aquello que ha impedido que LEANDRO y LISANDRO logren sus objetivos, aquello que los condenó al fracaso en vida.
LISANDRO manipula un revolver. Lo apunta a su cabeza, luego a su corazón. Lo deja sobre el escritorio. Se sienta a escribir (texto de mensaje final ‘en off’ o proyectado a medida que escribe) “Si ustedes no lo desaprueban desearía que mis cenizas  fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndome con todo lo que muere en el Universo”.

Dobla el papel y lo coloca dentro de un sobre que pega mojando con su saliva.

Retoma el revólver.

LEANDRO (se corporiza a espaldas de LISANDRO) ¿Qué va a hacer?

LISANDRO (se sobresalta) ¿Quién es usted? (sorprendido, lo reconoce) ¡Leandro! Pero usted está…

LEANDRO ¿Va usted a suicidarse? (toma el arma de la mano de LISANDRO y lo abandona sobre el escritorio) No lo haga, no vale la pena

LISANDRO Usted lo hizo
LEANDRO Por eso mismo le digo que no lo haga
LISANDRO Usted se propuso hacer barullo y lo logró. Se habló de su suicidio durante varias semanas
LEANDRO (sombrío) En mi caso no fue por hacer barullo, como usted dice. Estaba hundido en la depresión y en la soledad, los amigos me evitaban, nadie respondía a mis llamados telefónicos ni a mis cartas.

Me había transformado en un leproso.
LISANDRO ¡Es eso lo que me pasa a mí!
LEANDRO Un muerto en vida. Entonces suicidarme fue una forma de venganza, quise que el universo se sintiera culpable.
LISANDRO (entusiasta) Su suicidio fue una obra de arte, me hubiera gustado verle la cara al cochero cuando abrió la puerta y se lo encontró a usted agonizando.
LEANDRO Entre las miserias de nuestra vida en la tierra el suicidio es el más preciado don que Dios ha concedido al ser humano
LISANDRO Buena frase
LEANDRO No es mía, es de Plinio el Viejo, siglo I después de Cristo

(Silencio)

LISANDRO A usted y a mí nos pasó lo mismo, no es fácil actuar en la política argentina y tener buenas intenciones

LEANDRO Es cierto

LISANDRO  Los argentinos saben distinguir entre el bien y el mal, pero parecería que  cuando tienen que elegir o actuar les da lo mismo el bien que el mal

LEANDRO La buena gente parece estar en vías de extinción como el ciervo de los pantanos

LISANDRO  La hay pero no se la escucha, su voz es más débil que la de los pícaros

LEANDRO En la Argentina las convicciones siempre fueron más débiles que las conveniencias. ¿Se acuerda cuando fundamos la Unión Cívica?

LISANDRO (nostálgico) Claro que me acuerdo, por entonces teníamos esperanzas

LEANDRO Usted  era un jovencito apasionado

LISANDRO (levemente acusatorio) Usted era mi ídolo. Los jóvenes creíamos en usted. En que con nuestro apoyo usted iba a cambiar las cosas

LEANDRO (incómodo) ¿Esta usted reprochándomelo?

LISANDRO Primero los decepcionó usted, después yo

LEANDRO Yo entonces creía que la política era un combate de ideas y que ganaba el que tenía razón…

LISANDRO Los intereses son más fuertes que los principios, fue doloroso aprenderlo

LEANDRO… que era suficiente con tener razón y demostrárselo a lo demás

LISANDRO En el fondo hemos sido soberbios, Leandro, convencidos de que nuestras verdades eran mejores que las de los demás

LEANDRO (firme) Lo eran, Lisandro, lo eran, eso fue lo que los poderosos no toleraron y se propusieron destruirnos.

LISANDRO Y lo lograron

LEANDRO (suspira) Repito, la política argentina no es un buen lugar para las buenas intenciones

LISANDRO Sin embargo su lucha, Leandro, no ha sido inútil, hoy argentinas y argentinos gozan del voto secreto, universal y obligatorio. Eso no hubiera sido posible de no haber sido por su obstinación en no legitimar las elecciones amañadas y fraudulentas

LEANDRO (desanimado)  Tampoco es para enorgullecerse ¡Las artimañas que ponen en juego los supuestos  demócratas de hoy! Fraude, robo de boletas, compra de votos…

LISANDRO Roque Sénz Peña llevó su cajón en primera fila con su sobrino Hipólito

LEANDRO  Se lo merecía

LISANDRO (intencionado) ¿Hipólito?

LEANDRO (seco) Roque (toma el revólver de LISANDRO, lo observa, amartilla) Un Colt Single Action Army. ¿Lo tenía o lo compró especialmente?

LISANDRO (algo turbado) Lo compré…especialmente. Usado, mi pobreza no dio para más

LEANDRO ¿Sabe quién fue Colt? Un yanqui de Connecticut, se hizo rico vendiendo armas a los dos bandos de la guerra civil norteamericana. Estaba quebrado cuando estalló la guerra

LISANDRO (lamentándose) Algunos tienen suerte

LEANDRO (punzante) Lo suyo no fue un problema de suerte, Lisandro, sino que no le resultó fácil tener de enemigos a sus pares. Usted es hijo de estancieros, nació en familia rica (al muñeco) y poco lo diferenciaba de los Duhau o de los Pinedo, aquellos a quienes supuestamente combatía…

LISANDRO (amoscado) ¿Qué quiso decir usted con eso de “supuestamente”…?

LEANDRO Esa pregunta está de más, Lisandro, todos saben que después de lo que pasó en el Senado usted renunció, en vez de aprovechar la conmoción se retiró…¿Acaso  no fue usted presidente de la Sociedad Rural de Rosario? A usted no lo frenó la seguridad de perder sino la posibilidad de ganar

LISANDRO (herido) Lo que me achaca a mí es lo que sucedió a usted, Lisandro. Usted fue un pobre que tuvo demasiado respeto a los ricos. Para morir usted no eligió un humilde comité de Balvanera sino el club de los oligarcas, el Club del Progreso 
LEANDRO (al muñeco, implora angustiado, infantilizado) ¡Es mi papá, no lo mate, por favor no lo mate! ¿Rosas? ¡El nunca lo vio a Rosas, Rosas era demasiado importante y nunca salía de su casa! ¡No lo mate, es mi papá, el único que tengo! ¿Cómo dice? ¿Soguero? No, él no es… ¿Zorquero? ¿Qué es eso? ¿Es mi papá! (se escucha una descarga de fusilería. A Lisandro, muy conmovido) La muerte de mi padre dejó a mi madre en la indigencia y sobrevivimos gracias a las empanadas que ella vendía a los vecinos. Los otros chicos me gritaban “mazorquero” y se burlaban y me tiraban piedras. Fui muy infeliz en mi infancia.
LISANDRO Usted se postuló como socio del Club del Progreso, el lugar donde los oligarcas decidían entre pocos los asuntos de la patria
LEANDRO  Tiene usted razón en que la fascinación por la cultura y el refinamiento de nuestros aristócratas, por ese mundo de muebles traídos de Francia y de cristales de Baccarat, fue entonces inevitable. Me aceptaron aunque sabían que en el fondo los odiaba y que quería vengar en ellos el calvario de mi padre, la miseria de mi madre y los golpes de mi niñez
LISANDRO (hostil) Desde un principio supieron que su odio iba a ser impotente, no lo dude (silencio largo y grave)
LEANDRO A pesar de que toda mi vida luché por ser algo o alguien, finalmente me vi reducido a nada. Leandro N. Alem, Leandro Nada Alem.
LISANDRO En la carta de despedida escribí que con mi muerte volveré a la nada
LEANDRO Yo no creo que usted sea ateo, usted y yo somos rencorosos y no le perdonamos a Dios su ensañamiento con la Argentina. La Argentina parece la creación de un Dios que fue enloqueciendo o emborrachándose a medida que iba creando el mundo. Comenzó en buena forma  por el hemisferio norte, de eso no hay ninguna duda, y cuando bajó al hemisferio sur empezó por el otro lado y ya desquiciado terminó aquí, en nuestra patria, el extremo más austral, una tierra que le sobra al mapa. Después llamó a los otros dioses y se reían a risotadas como si fuéramos un buen chiste, un chiste obsceno. 
LISANDRO Ya que habla usted de chistes, para distendernos le voy a contar uno de suicidas. Resulta que un hombre deprimido como usted y como yo va al psiquiatra y le dice: “Doctor, tengo fuerte impulsos suicidas, ¿qué me aconseja?” y el psiquiatra le responde: “Que me pague la consulta ahora mismo” (LISANDRO ríe y LEANDRO apenas sonríe) Nunca sentí la presencia de Dios, no lo necesité y está claro que El tampoco tenía planes para mí. Ni para usted
LEANDRO Yo estuve a punto de obtener lo que quería.

LISANDRO Es posible. Pero alguien lo impidió. ¿Sabe quién?. Usted. Usted mismo fue su principal obstáculo. La Revolución del Parque fracasó porque usted fue tan ingenuo que le creyó a su cómplice, el traidor general Campos

LEANDRO (molesto) A usted lo que le gusta es criticarme, denigrarme. Como hizo con todos. Su apodo era (enfático, burlón) ¡“el Fiscal de la Nación”!. También (id) ¡“el Dantón rosarino”!. Usted es incapaz de aceptar que haya personas mejores que usted.

LISANDRO (azorado) ¿Usted es mejor que yo?

LEANDRO He sido más coherente

LISANDRO ¡Más rígido!

LEANDRO Querrá decir obstinado

LISANDRO No, rígido (enfrentándolo) No es usted el mejor ejemplo de tolerancia, el rey de las revoluciones, ¿cuántas llevó a cabo? ¿cuatro, cinco? ¿y cuántas planeó, decenas seguramente? ¿a cuántos llevó a la muerte? Todas fracasaron, todas

LEANDRO En la del Parque todo estaba dado para que triunfásemos. Que no tuviéramos éxito fue capricho del destino

LISANDRO ¿Capricho del destino? ¿Usted no se dio cuenta que el general Campos lo iba a traicionar? ¿No se enteró de que Campos, la noche anterior al levantamiento, recibió la visita de Roca y conversaron a solas por más de una hora?

LEANDRO Lo supe después. Lo había preparado todo minuciosamente y de mi puño y letra había escrito el manifiesto que daríamos a conocer al pueblo (se adelanta hacia el público y lo arenga, también se dirigirá al muñeco) “El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país. Acatar y mantener un gobierno que representa la ilegalidad y la corrupción; vivir sin  voz ni voto la vida pública de un pueblo que nació libre; ver desaparecer día por día las reglas, los principios, las garantías de toda administración pública regular, consentir los avances al tesoro, la adulteración de la moneda, el despilfarro de la renta…

LISANDRO (sarcástico, al público) Una bella e inútil convocatoria que nadie escuchó.

LEANDRO (continúa)…  tolerar la usurpación de nuestros derechos políticos y la supresión de nuestras garantías individuales que interesan a la vida civil, sin esperanza alguna de reacción ni de mejora, porque todos los caminos están tomados para privar al pueblo de gobierno propio y mantener en el poder a los mismos que han labrado la desgracia de la República…”

LISANDRO (interrumpe) ¿Sabe, Leandro? Creo que ni usted ni yo conocimos a la gente, aquellos a los que llamábamos “pueblo”, a quienes en teoría defendíamos, hemos estado siempre tan ocupados en nosotros mismos, tan orgullosos de nuestra ética, de nuestra honestidad
 
LEANDRO Yo creí que el general Campos era sincero cuando retrasaba el inicio de las acciones

LISANDRO Eso, claro, dio tiempo al gobierno a reaccionar

LEANDRO (mustio) Lo recuerdo y más que rabia me da vergüenza. Las buenas intenciones no deberían estar tan frecuentemente asociadas con la ingenuidad.

LISANDRO Son hermanas siamesas

LEANDRO Me decía: “Usted es abogado y yo militar, los pleitos se los dejo a usted y usted déjeme lo que tiene que ver con la guerra” (al muñeco, exasperado) No dudo general, que usted sabe más que yo de esto, pero sus tropas deberían estar ya en la calle. Habíamos convenido que sería a las ocho de la mañana y ya es mediodía. ¿Qué está usted esperando? Los civiles no quisieron esperar más y ya salieron y han hecho retroceder a… ¿Cómo dice? ¿Qué no hay municiones suficientes? ¿Cómo es posible? En estos meses de preparativos varias veces le pregunté por las municiones y usted siempre me contestó que eso estaba arreglado, que no me preocupara, ¡hasta se enojó usted por mi insistencia!  

LISANDRO Debería haberlo fusilado en ese momento.

LEANDRO (al muñeco, rabioso, amenazante) Todavía es tiempo, general (saca su revólver y apunta al muñeco) ¡si no saca usted las tropas a la calle y toma la Casa de Gobierno como estaba planeado le pego un tiro en la cabeza!

LISANDRO (hiriente) Mientras usted intentaba infructuosamente asustar a Campos, en Rosario hicimos lo que se nos había encargado y salimos a la calle para derrocar al presidente Juárez Celman. Nosotros hicimos lo que se debería haber hecho en la capital (ácido) ¿Sabe qué pasa, Leandro? No es lo mismo ser un buen orador que un buen jefe de revoluciones.

LEANDRO (agresivo) Por lo menos tuve cojones para enfrentar al gobierno con las armas, no como usted que lo único que hizo a lo largo de su vida fue discursear. Bonita palabrería mientras la oligarquía se hacía cada vez más rica y más represiva y los humildes explotados y marginados eran cada vez más pobres. 

LISANDRO (áspero) A usted nunca le importaron los humildes, seamos sinceros, fueron el pretexto, usted lo que siempre quiso fue vengar la muerte de su padre, eso lo encegueció, y su poca astucia permitió que fuera Roca quien sacara provecho de los miles de muertos y del derrumbe de su revolución. Ese sí que  nadaba en la política como un tiburón en el mar

LEANDRO El “zorro”

LISANDRO A pesar de que su revolución fracasó la aprovechó para deshacerse de Juárez Celman, quien conspiraba contra su proyecto de volver al gobierno, logró que usted no tomara el poder y cayera en el descrédito por su torpeza, e hizo presidente a un hombre de su absoluta confianza, “el gringo” Pellegrini.

LEANDRO  Carambola a tres bandas, lo reconozco

LISANDRO Dicen que tiene el mismo desparpajo para hacer cornudos a sus amigos, hasta a sus ministros

LEANDRO Ya que habla de cornudos le voy a contar un chiste de un suicida cornudo que estoy seguro de que es mejor que el que acabo de escuchar (lo cuenta sin gracia) Resulta que un hombre, desesperado por la infidelidad de su esposa, está a punto de arrojarse del balcón de su casa. Entonces la mujer le grita: “Oye, que yo te he puesto alas”…no, no es así, le grita “oye que te puesto”… ah sí, le grita “oye que te he puesto cuernos, no alas”

LISANDRO (no ríe) Es posible que el chiste sea bueno, pero lo que es claro es     que usted, Leandro, no ha nacido para el humor (ambos sonríen. Toma su revólver y se lo lleva a la sien) ¿Le tomó mucho tiempo apretar el gatillo?

LEANDRO  No,  porque debía hacerlo en el tiempo que el coche tardase en llegar al Club. No podía echarme atrás porque ya había enviado las cartas de despedida.
Eso fue mi Epafrodito

LISANDRO ¿Su qué?

LEANDRO Epafrodito, el secretario de Nerón que lo ayudó a morir empujando su brazo con la fuerza suficiente para que la daga abriese su vientre. En todo suicidio es necesario un Epafrodito

LISANDRO ¿Se compara usted con Nerón?

LEANDRO Su desesperación final debe de haber sido muy parecida a la mía

LISANDRO Lo mío será, viene siendo, una batalla entre el natural instinto de vivir, bastante menguado pero de todas maneras pujante, y la necesidad de terminar con tanta desdicha, con tanto fracaso, con tanta incomprensión (abandona el revólver sobre un mueble)

LEANDRO (al muñeco) Habría que ver si la mala fama de Nerón no obedece al empeño de los traficantes de la historia, los mismos que se ensañaron conmigo

LISANDRO ¿Qué se siente?

LEANDRO (distraído, mirando al muñeco) ¿Cuándo? (comprende)  Nunca me he sentido tan dueño de mi vida como en el instante previo a disparar. ¿Sabe? Matar es la más grandiosa de las acciones que puede cometer un ser humano. Aunque la víctima sea uno mismo. A partir de ese momento comprendo a los asesinos seriales. Son las personas que conocen el mayor de los placeres posibles, un goce que sólo está reservado a Dios. Eso explica por qué habiendo podido hacernos inmortales, no lo hizo. Dios goza viéndonos morir, por eso cuando nuestra ciencia logra conjurar alguna enfermedad El inventa otra.

LISANDRO Desafiar a Dios, robarle la exclusividad de decidir cuando y cómo se muere.

LEANDRO No se crea que es fácil desafiar a Dios, Lisandro, no es fácil. Es sabio y muy rencoroso, fíjese lo que pasó con Adán y Eva. Mi suicidio fue castigado haciendo que después todo sucediera en contra de mis intenciones, el radicalismo perdió su esencia revolucionaria, se transformó en un partido más al servicio de los ricos 

LISANDRO (irónico) Pero sirvió para que Hipólito, su sobrino, satisficiera esa extraña compulsión a hacer el amor con maestras. No solo con las bonitas, he conocido algunas que eran francamente feas

(Silencio)

LEANDRO  Si quise castigar a los demás, hacerles sentir culpa por mi infortunio, también fracasé en eso porque se llegó a la conclusión, y los periódicos más importantes se ocuparon de difundirlo y convencer a la gente,  de que me quité la vida por las deudas económicas. Lo mismo va a suceder con su suicidio. Recuerde que los más importantes medios de difusión están en manos de los poderosos, pero lo que es más importante todavía es que la significación, la interpretación de los hechos también están en sus manos. Pueden transformar en indigno el gesto de la mayor dignidad imaginable

LISANDRO Yo lo escucho, Leandro, y le doy la razón, pero lo mío pasa por el asco, un asco que ha terminado por vaciarme el alma, asco por la corrupción de nuestros dirigentes… Cuando se ha perdido todo, cuando ya no se tiene esperanza, la vida es una calamidad y la muerte un deber

LEANDRO Esa frase es de…

LISANDRO Voltaire

(Silencio pesado)

LEANDRO En el fondo usted y yo fuimos unos inadaptados, no tuvimos la piel gruesa que hay que tener para actuar en la política argentina.

LEANDRO (duro) ¿Quiere usted decir, que debimos habernos pervertido como los demás, aceptar la corrupción y el fraude como algo normal, algo natural como la lluvia o la noche?

LISANDRO Digo que debimos ser más tolerantes con la condición humana, debimos comprender que el hombre es un ser imperfecto. ¿A quién eligió Cristo para edificar su descendencia en la tierra? A Pedro, un pescador inculto, que en vez de luchar para que liberaran a Cristo lo negó tres veces, que mientras su Señor derramaba lágrimas en el Gólgota él dormía junto a los demás discípulos. Sin embargo él fue el elegido (vuelve a tomar su revólver. Sombrío) Ya es tarde

LEANDRO Usted, como yo,  prefirió el revólver a la pistola. Son más confiables (vuelve a quitarle el arma de las manos y lo deja sobre algún mueble)

LISANDRO (canta cómicamente) “Si quiere sus sesos volar, un revólver debe usar”. Usted ¿qué revólver usó?

LEANDRO (lo extrae del interior de su saco) Un Smith y Wesson

LISANDRO (toma el revólver de LEANDRO y lo observa) No se va a privar usted de contarme quiénes eran esos buenos señores

LEANDRO  Horace Smith y Daniel Wesson.  ?Sabe de dónde eran? De Connecticut, igual que míster Colt

LISANDRO Usted debería haber nacido en Connecticut, entre fábricas de armas

LEANDRO (sin sonreír) Tiene usted un sentido del humor muy especial

LISANDRO Al menos cuento los chistes mejor que usted… Usted y yo nos tomamos la política demasiado en serio. Para mis adversarios en cambio la política es algo natural, algo placentero, un juego en el que se tienen todas las fichas. Se ocupan de ella para no perder sus privilegios y para acrecentarlos, a cambio reciben pingues ganancias.

LEANDRO La cosa pública, la “res pública” no es muy distinta a la administración de alguna de sus estancias.

LISANDRO (deambulando alrededor del muñeco) Ellos agrandaron sus campos, o se hicieron dueños de otros, sus amigos del Club del Progreso. Y los del Jockey Club. O sus testaferros (abatido) Yo en cambio perdí todas mis propiedades, hasta mi amada estancia de Pinas. Usted no imagina, Leandro, el placer que es sentarme en la galería a mirar el ocaso que pinta de anaranjado el horizonte, son… eran los momentos en que más en contacto conmigo mismo he estado. Y la proximidad de la noche alborotaba  a los pájaros y a los perros, y la tierra dejaba escapar un vaho perfumado por los eucaliptos… (se interrumpe, muy conmovido. Silencio)   

LEANDRO Los verdaderos adversarios son los que no se ven, los que manejan los hilos desde la oscuridad. Los visibles, hasta el mismo presidente es uno de los visibles, son delegados de los invisibles, los visibles a cambio de su notoriedad y enriquecimiento pagan los platos rotos cuando es necesario, preservando a los invisibles

LISANDRO (aún conmovido, juega con el revólver de LEANDRO en sus manos) ¿Por qué no quiere que me suicide?

LEANDRO Porque la lucha contra la mala política lo necesita a usted vivo. La lucha debe continuarse hasta que sea el enemigo el que lo mate a uno, no que uno sea el verdugo de uno mismo. Cristo sabía que su futuro dependía de que, enardecidos por sus provocaciones, sus enemigos perdieran la paciencia y lo crucificaran. Y lo logró

LISANDRO Vuelvo a recordarle que usted…

LEANDRO (mustio) No necesita recordármelo, si no lo hubiera hecho seguramente habrían podido evitarse los desastres de los gobiernos radicales

LISANDRO (devuelve el arma, LEANDRO lo guarda en el interior de su saco) El suicidio debería ser un trámite sencillo, una ventanilla donde se pueda renunciar a la vida como se renuncia a un empleo ¿Usted piensa que el suicidio es cobardía?

LEANDRO No, es egoísmo. Es elegir el mejor papel para uno, el de mártir. ¿Por qué San Martín no se suicidó después de Cancha Rayada? Hubiera pasado a nuestra historia como el mártir de nuestra independencia pero a lo mejor seguiríamos siendo colonia de España. A usted, Lisandro, la patria lo necesita vivo y peleando

LISANDRO (demolido) Lo que usted no comprende es que no tengo más fuerzas, estoy derrotado, me he convencido de que mi lucha ha sido inútil y seguirá siéndolo (al muñeco) Mis adversarios son demasiado fuertes

LEANDRO Es lo mismo que yo sentía. Pero siempre hay una reserva de fuerza

LISANDRO No, Leandro, yo ya no tengo fuerzas ni para … (se interrumpe, silencio pensativo) Una pregunta indiscreta, usted decidirá si la responde o no

LEANDRO Adelante

LISANDRO ¿Cómo le iba en asuntos amorosos?

LEANDRO (algo fatuo) Usted sabe por experiencia propia que ser un personaje público atrae a las mujeres. Debo aceptar que a pesar de no ser un Adonis…

LISANDRO (interrumpe, impaciente) No me refiero a eso sino al… desempeño en la cama

LEANDRO (algo desarmado) Ah, eso… Bueno, he sido fiel al ciclo de la vida, con el paso de los años perdí vista, audición, agilidad y también… eso me resultó más difícil

LISANDRO No…(con uno de sus dedos a la altura de sus genitales representa la erección msculina) No lograba

LEANDRO (incómodo) No seamos tan detallistas, ya se lo dije, me era más difícil

LISANDRO ¿Penoso?

LEANDRO Penoso, si prefiere. Imagino que usted está hablando de su propia experiencia

LISANDRO En tren de confidencias debo reconocer que nunca fui un virtuoso amatorio, ni siquiera en mis años mozos

LEANDRO Lisandro: si hubiéramos sido sanos psicológicamente y hubiéramos podido descargar nuestra energía en el amor y en el sexo no nos hubiera quedado nada para la política. Si hemos dedicado nuestra vida a ella es porque fuimos lisiados en lo amatorio

LISANDRO Usted diagnostica que en la política hay muchos débiles sexuales.

LEANDRO Impotentes, masturbadores, pervertidos. Yo he estado en una de esas categorías pero no le digo en cuál

LISANDRO Los dos hemos cumplido con esa regla. Por algo hemos quedado solteros

LEANDRO Le reconozco que no le he tenido miedo a facones ni a balas pero he huido cobardemente de las mujeres.

LISANDRO ¿Y su Catalina Tomkinson?

LEANDRO Una relación higiénica y para cubrir las formas. Igual que usted, sospecho.

LISANDRO Pobre mi María

LEANDRO Una bella mujer

LISANDRO Y una maravillosa persona

LEANDRO (punzante) Arruinó usted su vida

LISANDRO (triste) Se lo acepto. Durante años alimenté sus esperanzas dándole apenas migajas de lo que ella esperaba de mí, pero a mí me cubría la imagen de hombre con pareja que la sociedad espera

LEANDRO (cruel) Se aprovechó usted de su catolicismo y cuando reaccionó era una señora menopáusica y virgen. Está claro que no es usted un ejemplo de comportamiento

LISANDRO (se enerva) Tampoco usted. Usted abogó por el diálogo, por la conciliación y sin embargo ¡a cuánta gente ha llevado a la muerte!

LEANDRO Por los buenos motivos

LISANDRO Nunca hay buenos motivos para enviar a la muerte a otros.

LEANDRO Usted le ha tenido miedo a la justicia de la violencia, la mejor de las justicias, por eso lo suyo se pareció a una mascarada

LISANDRO (rabioso, avanza hacia LEANDRO) ¡No le permito, no sea impertinente! Si no estuviera usted muerto ya lo hubiera retado a duelo. Usted nunca aprendió a respetar a quien pensaba o actuaba diferente, usted fue un intolerante

LEANDRO (gritando, a LISANDRO y al muñeco) ¡Yo he sido un intolerante con la ignorancia, con la traición, con la deshonestidad!

LISANDRO (idem) ¿Quién era usted para juzgar a los demás, acaso su verdad, con mayúsculas, era la única que valía? ¿Acaso Dios le entregó las tablas de la ley?

(Silencio durante el cual los ánimos se van apaciguando)

LEANDRO No hemos podido sustraernos a la historia argentina, una escalera de muertes trágicas: comienza con Solís, ni Mendoza ni Garay escaparon a ella, después Liniers, Moreno, Dorrego, Facundo, Urquiza, mi padre… (al muñeco) ¿puede usted imaginar lo que es tener diez años y ver a mi padre colgando de una horca, a la vista de todos, con el cuerpo chorreando sangre sobre el empedrado? Porque no les bastó con fusilarlo, luego lo ahorcaron.

LISANDRO Por mazorquero

LEANDRO Mi padre tenía un comercio de ramos generales en Balvanera, y era partidario de Rosas, como lo hubiera sido yo y quizás usted, porque el Restaurador fue generoso con la chusma, le dio privilegios que nunca habían tenido, enfrentó a la oligarquía corrupta y contrabandista de Buenos Aires y eso le granjeó el odio de los que se llamaban a sí mismo los “decentes” (al muñeco)  Los conservadores oligarcas de hoy son sus herederos. Después de Caseros, con una crueldad inimaginable, se dedicaron a exterminar a todos los que habían demostrado simpatía por el rosismo y entre ellos cayó mi padre.

LISANDRO Usted terminó como su padre, lo único que no lo fusilaron otros sino que se fusiló usted mismo.

LEANDRO (disgustado) Un razonamiento ingenioso pero equivocado. Ante el cadáver de mi padre me hice el juramento de impedir la injusticia en lo que me fuera posible, sobretodo la injusticia contra los pobres que es la peor de las injusticias. Yo dí mi vida por eso.

LISANDRO (irónico) Todo el rigor que pone usted en juzgar a los demás es blandura cuando se trata de usted mismo.

LEANDRO (desafiante) Yo no tengo la culpa de que usted piense que su vida fue una gran equivocación. Yo estoy orgulloso de la mía.

LISANDRO Yo tengo una sola vara y con ella juzgo a los demás y a mí mismo. Y usted tiene razón, Leandro, me equivoqué, me equivoqué mucho, ¿sabe por qué?, porque soy humano, y merezco algo de reconocimiento porque intenté enfrentar al poder, pero esta vez David erró el piedrazo y Goliat me aplastó casi sin pestañear.  

(Silencio)

LEANDRO (reflexivo, oscuro) Usted no debería repetir mi error, he dejado con mi suicidio el mensaje de que es inútil rebelarse contra los poderosos

LISANDRO (tocado) Ese es un argumento convincente. Por eso lo han hecho famoso a usted después de muerto

LEANDRO Una lección que se va a reforzar con su suicidio: miren lo que les pasa a los que se rebelan contra nosotros. Que no se les olvide.

LISANDRO (vacila) Es un mensaje contradictorio con lo que he querido hacer con mi vida. Tiene usted razón, no debería… (toma su revólver y apunta al muñeco) La derrota. Con mi suicidio yo también cumpliría con el papel que me corresponde de acuerdo a los deseos del poder (deja el revólver sobre un mueble y lo empuja, alejándolo)

LEANDRO Cristo, en la última cena, le dijo a Judas “ve y haz lo que tienes que hacer”. Fue una orden (al muñeco) Nosotros también fuimos e hicimos lo que ellos esperaban que hiciéramos. Nos inmolamos agitando inútilmente la bandera de la lucha contra la mala política (suspira) Marionetas del poder…marionetas trágicas

LISANDRO Me ha convencido, Leandro, no me voy a suicidar, voy a continuar la lucha

LEANDRO (solemne) Que se rompa pero no se doble, un principio en el que siempre creí y siempre sostuve.

LISANDRO Una frase muy bonita, como otras suyas, pero ¿acaso no vio usted que las cañas se inclinan ante el viento? Eso es lo que les permite seguir arraigadas a la tierra, protegiendo a los ranchos del sol y del pampero.

(Silencio)

LISANDRO Yo propuse la ley de la jubilación para todos pero la Cámara estaba dominada por los conservadores y nunca se votó, la misma suerte tuvieron otras leyes sociales. Ni siquiera en eso tuve éxito (silencio) Nunca aprendí que en la política de lo que se trata es de tener más fuerza que el adversario y que las razones son siervas de la fuerza.

LEANDRO Le reconozco, Lisandro, que me creí más fuerte de lo que era. No sólo me creí capaz de librar a mi Argentina de sus pecados sino que además me hice cargo económicamente de mi familia, de mi hermana Tomasa, de mis sobrinos Roque e Hipólito, todos viviendo a mis costillas y yo teniendo que proveer a su comida, a sus gastos. Además de los gastos partidarios más las contribuciones a muchos que venían a pedir mi ayuda…
LISANDRO (exasperado) ¿Quién puede confiar algún asunto a un abogado como yo que tiene en su contra a los poderes del Estado? ¿A quien los jueces, casi todos conservadores, fallan siempre en contra? ¿Un abogado que en vez de estudiar los expedientes gasta su tiempo en mitines y en discusiones interminables?. Y le aseguro Leandro que yo podría haber sido un buen abogado. Como ve, por fracasar en la política no he sido estanciero ni abogado, solo…(se interrumpe, oscuro)
LEANDRO (riendo) La política nos ha regalado el pretexto de imaginarnos exitosos en aquello que no intentamos. 
LISANDRO Como usted que le gusta imaginarse poeta… A pesar de lo mucho que discutimos usted y yo nos parecemos y no sé si eso es para sentirse orgulloso

LEANDRO No en todo, yo conocí la cárcel y usted no, no es para envidiarme, se lo aseguro

LISANDRO (irónico, punzante) Tampoco en ese caso usted se dio cuenta de que iba a ser traicionado

LEANDRO (inquieto)  No sé a qué se refiere.

LISANDRO Usted se empeña en negar lo que es de conocimiento público.

LEANDRO (al muñeco, enojado, decepcionado) Todavía me resisto a creerlo, Hipólito, te crié como a un hijo, yo sostuve económicamente a tu madre y alojé a toda tu familia en mi casa, ¿te olvidas de eso? fui yo quien pagó tus estudios y  te hice nombrar comisario en Balvanera, ¿que tus disidencias son políticas y no afectivas, que te parece de mal gusto que yo…? Todavía no es tiempo de acuerdos, hay que insistir con la abstención revolucionaria, el radicalismo no debe bajar los brazos (enervado) ¡No debemos ser cómplices del fraude y de la represión!

LISANDRO El tenia ambiciones propias y usted se había transformado en un obstáculo para alcanzarlas, usted no quiso verlo, ¡otra vez confundió cómo eran realmente las cosas con cómo usted hubiera deseado que fueran!

LEANDRO Nunca pensé que iba a… todavía lo dudo

LISANDRO Discúlpeme, Leandro, pero yo mismo se lo escuché contar a Pellegrini. ¿Puedo...? (LEANDRO asiente débilmente) Estaba Pellegrini en la estancia de los Casares, donde solía  descansar y reunirse con sus amigos, estoy seguro que lo que allí hacían era planear sus negociados. El lo contaba así, con esa pizca de ironía que nunca lo abandonaba (imita) “Era una tarde bella, templada, sin nubes, estaba tumbado al sol, entre dormido y despierto, cuando me llamó la atención alguien que disimulado en un bosquecillo próximo me hacía señas. Al despejarme y fijar mi  atención me di cuenta de que era Yrigoyen. Como era evidente que quería contarme algo que los demás no escuchasen caminé hasta allá y entonces el sobrino de don Leandro, su fiel y leal sobrino, me cuenta que Alem y los suyos planeaban un nuevo levantamiento que bañaría en sangre al país, que era necesario detenerlo” (termina la imitación) Pellegrini reía cuando contó que Hipólito le dijo que lo suyo no era traición sino conciencia ciudadana. La cuestión fue que cuando se hicieron las elecciones usted estaba preso y el candidato de sus adversarios, ganó con el fraude habitual

LEANDRO Pero supongamos que haya sido Hipólito, ¿por qué lo haría?

LISANDRO Leandro, no puedo creer que su inteligencia se apague tanto por razones afectivas: es claro que con esa jugada se deshizo de usted, el camino de su ambición quedó libre. Desde ese momento la Unión Cívica Radical fue suya. Otra buena carambola.

LEANDRO ¿No será que usted me lo cuenta porque…? (se acaricia la mejilla)

LISANDRO (enervado) Un demonio, Hipólito era un demonio, un hombre de carácter pero sobre todo de suerte. Esa suerte que ni yo ni usted tuvimos.

LEANDRO El lo retó a duelo

LISANDRO (al muñeco, enervado) ¡Renuncio a la Unión Cívica porque, señor Yrigoyen, estoy harto de sus errores y de sus caprichos al frente del Partido, también por el maltrato a su honorable tío, el señor Alem!. ¡Lo acuso de anteponer sentimientos pequeños e inconfesables a los intereses del país!.

LEANDRO (vuelve a acariciarse la mejilla) El resultado del duelo ¿fue suerte o…?

LISANDRO Suerte… y desparpajo. Como Hipólito lo ignoraba todo de la esgrima se abalanzó sobre mí como  un poseído dando gritos aterradores y pegando mandobles a diestra y siniestra (se mueve como en un duelo a espada) Yo, que hacía veinte años que practicaba esgrima, que había combatido contra los mejores sablistas de Buenos Aires, me quedé paralizado, la técnica me jugó en contra y no supe cómo enfrentar ese huracán y entonces me cortó la cara, una cicatriz que desde entonces llevo con vergüenza.

LEANDRO La barba la disimula por completo. Bueno…casi por completo. Lo escucho, Lisandro, y me doy cuenta de que eso fue lo que nos pasó a usted y a mí en la política. Creímos que los demás iban a ser respetuosos de las reglas del republicanismo como nosotros nos propusimos serlo,  creímos que lo nuestro debía ser digno y generoso, y que eso nos iba a ser recompensado por el pueblo con el triunfo político y la presidencia de la Nación

LISANDRO (irónico) Tarde aprendimos que había vías más fáciles, incluso mucho más rentables (silencio pensativo)¿El poder corrompe o son los corruptos los que saben llegar al poder?
LEANDRO (sugerente) El poder tienta.
LISANDRO Atrae como la luz a los cascarudos del campo
LEANDRO  Usted lo supo (LISANDRO acusa el golpe). Algunos aprovecharon eso para desprestigiarlo.
LISANDRO ¿Algunos? ¡Muchos, muchísimos! La injuria siempre es más convocante que el elogio (consternado) Fue solo un momento de vacilación que los adversarios agrandaron con malicia.
LEANDRO (hiriente) ¿Vacilación? Error, Lisandro, error
LISANDRO (irritado) Le voy a contar cómo fue: antes del golpe contra Yrigoyen me llamó el general Uriburu (al muñeco) Ya se ha fijado fecha para el golpe… perdón para la revolución, ojalá que pueda cumplir usted con los objetivos de sanear el país, de terminar con la politiquería y la corrupción, ¿los jefes militares han aprobado el plan de gobierno?, ¿y Gran Bretaña y los Estados Unidos? Porque es inimaginable un gol… una revolución sin su… ¿qué quiere decir usted, general? ¿yo? ¿habla usted seriamente? ¿para mí? ¿Que de triunfar yo sería el…?(a LEANDRO) “Esta revolución es para usted” me dijo.
LEANDRO Le estaba ofreciendo la presidencia
LISANDRO Así lo entendí yo
LEANDRO Se tentó
LISANDRO Con el general habíamos conversado largo y tendido sobre la intolerable corrupción de nuestros políticos y su ineficacia para resolver los problemas argentinos. Era sincero en eso y estaba decidido a moralizar el país y yo representaba para él la imagen de un político honesto. Pero después de algunos días de confusión comprendí que él consideraba que la culpa era del sistema democrático y que debía reemplazárselo por el predomino de las corporaciones.
LEANDRO Una posición claramente fascista.
LISANDRO En cambio yo entendía que el problema estaba en los políticos y no en la política, que el mejor régimen, a pesar de sus defectos, seguía siendo la democracia.
LEANDRO Uriburu aprovechó su “vacilación”, que duró varios días, demasiados días, para difundir que usted había aceptado ser presidente y eso hizo que muchos que se aprestaban a resistir el golpe se paralizaran
LISANDRO (incómodo) Bueno, Leandro, usted en vez de ayudarme a no suicidarme no hace más que darme motivos para hacerlo.
LEANDRO (al muñeco) Usted prometió no hacerlo. Si lo hace  ¿se imagina lo contento que se van a poner sus amigos estancieros?. No dude que van a mandar coronas de flores a su entierro pero también van a celebrar con champagne francés. Y en “La Nación” y en “La Prensa” van a aparecer necrológicas laudatorias hacia usted que serán la certificación de su fracaso

LISANDRO (impactado) Fracaso…usted y yo, Leandro, representamos dos formas de fracasar. Usted fue un peleador de armas tomar, yo en cambio nunca serví para la violencia, lo mío fue el debate, la oratoria. El palabrerío, como usted me reprochó hace un rato. Lo único que conseguí con ese talento fue ofender a mis enemigos, enfurecerlos, mucho más cuando era evidente que la verdad estaba de mi lado. Fíjese para lo que me sirvió demoler con razones a los ministros Duhau y a Pinedo en el debate por las carnes.

LEANDRO Bordabehere lo pagó con su vida (hiriente) Dígame la verdad ¿él se interpuso entre usted y Valdés Cora o usted se refugió detrás de Bordabehere? (LISANDRO lo mira serio sin responder) Lo cierto es que morir baleado por un guardaespaldas del sinverguenza del ministro Duhau hubiera sido mucho más digno que un suicidio. Se la perdió, Lisandro, usted sería hoy el héroe civil asesinado por haber metido el puñal en el corazón de la complicidad entre la potencia de turno y nuestra oligarquía

LISANDRO (tajante) Si ha interrumpido usted mi suicidio sólo para burlarse… Lo del pacto fue un asunto demasiado grave para tomárselo en broma 

LEANDRO Está bien, le hará bien contármelo

LISANDRO (enervado) Las facilidades acordadas por el pacto a los frigoríficos británicos eran lisa y llanamente una traición a  la patria (enfrenta al muñeco) Y las cláusulas secretas prometían pingües negociados para Duhau, Pinedo y otros miembros del gobierno. Julito Roca, que no era un “zorro” como su padre sino lisa y llanamente un canalla, se atrevió a proclamar en Londres, orgullosamente,  que la Argentina era, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico.

LEANDRO (indignado) ¡Hemos tenido tantos Julito Roca siempre dispuestos a jugar para el bando contrario!. Y muchos de ellos fueron presidentes…

LISANDRO  (hacia el público, a veces al muñeco) “El ministro de Agricultura, señor Duhau,  sabe perfectamente que los frigoríficos constituyen un monopolio escandaloso; el ministro de Agricultura sabe perfectamente que realizan ganancias ilícitas; el ministro de Agricultura sabe mejor que yo que se quedan con la mitad de los cambios. Nunca se ha visto un gobierno como el actual y sobre todo un ministro de Agricultura como el actual, entregado…

LEANDRO (interrumpe, disgustado)  ¿Ve que hay muchos motivos para seguir viviendo y continuar la lucha?
 
LISANDRO (se esfuerza en continuar) …como el actual, entregado desembozadamente a la tarea de impedir que comience, aunque sea débilmente, la exportación cooperativa. Incumplimiento de leyes;  falta de fiscalización en el pago de impuestos; regalo de un 25 por ciento de divisas y tolerancia del apoderamiento de los beneficios en el cambio; ocultación de los bajos precios de compra de los novillos mediante la publicación de estadísticas inexactas; persecución a las compañías frigoríficas argentinas; regalo de la cuota del 11 por ciento durante dos años a los frigoríficos del pool extranjero; aceptación de que Inglaterra sea dueña de mantener un monopolio sobre la exportación del 85 por ciento de la carne argentina…”

LEANDRO (interrumpe) Si yo no hubiera evitado su suicidio usted sería un cómplice 

LISANDRO (interrumpe, rabioso) Usted es tan petulante que se va a adjudicar mi…

LEANDRO (algo irónico) Sólo le señalo sus contradicciones

LISANDRO ¡Que no son mayores que las suyas!

LEANDRO Por eso estoy aquí, aguantando sus peroratas, para cuidarlo de usted mismo

LISANDRO (compungido) Pobrecito Bordabehere, murió en mis brazos, mirándome a los ojos, una expresión que no pude descifrar y que me persigue.

LEANDRO Me sucedió algo parecido, pero al revés, yo era el que moría tendido sobre la mesa del Club del Progreso, sintiendo que la vida se me iba como se escapa el aire de un globo pinchado, y registré una mirada de alguien que no pude identificar, una mirada que no era de pena sino de asco, sí, de asco, ese hombre sintió asco ante mi muerte.    

LISANDRO (no escucha, absorto en sus cavilaciones) Pero aunque no pudieron destruirme físicamente igual lograron deshacerse de mí porque a partir de allí comenzó mi declive. Los periódicos se ensañaron conmigo, hicieron correr todo tipo de injurias, los míos fueron abandonándome… Hasta Pinedo se permitió retarme a duelo con pistola. ¿Quiere que le cuente? Lo pude haber matado. El disparó y erró, era mi turno y debo reconocer que se mantuvo erguido e inmóvil. Lo tenía en mi mirilla y yo siempre fui un buen tirador pero apunté por encima de su cabeza y apreté el gatillo.

LEANDRO (duro) Fue usted un cobarde. Debió haberlo matado. Con eso no hubiera terminado con la sociedad entre los imperios que nos esquilmaron, nos esquilman y nos van a seguir esquilmando y sus socios interiores, los que se forran sin importarles el terrible daño que hacen a su patria. Pinedo no era más que uno de los visibles, pero hubiera habido un hijo de puta menos y eso no es de despreciar.

LISANDRO (melancólico) Yo fui estanciero, estanciero de nacimiento, pude ser un hombre próspero de esos que viajan cada dos por tres a Europa y llevan la vaca en la bodega para que a los niños no les falte la leche fresca de sus estancias. Si tengo fuerzas para seguir vivo quizás pueda pagar mis deudas y recuperar mi estancia de Pinas

LEANDRO ¡Las deudas! Esa es la principal arma en contra de quienes se oponen a las cosas como son, que aspiran al cambio, porque la marginación no es sólo social o política, también es económica, principalmente es económica. Mis últimos meses de vida fui torturado por mis acreedores. Pellegrini se permitió acusarme públicamente de corrupto porque no pude devolver a tiempo un préstamo del banco. ¡Pellegini acusándolo a Alem! Cuando le respondí que mi vida  era transparente como el cristal me dibujaron dentro de una botella de ginebra sugiriendo que era alcohólico
 
LISANDRO (oscuro) Vender la estancia de Pinas fue, créalo, el golpe de gracia (silencio reflexivo. Luego echa a reír) Imagino la cara del cochero cuando llegó a destino y al abrir la puerta del carruaje encontró a su pasajero agonizando con una bala en la cabeza. Una muerte muy teatral sin duda
LEANDRO Con mi suicidio intenté resucitar del olvido a que había sido condenado (toma su revólver, lo apoya contra su sien y con la boca simula un disparo. Se deja caer horizontal sobre un sillón) Es imposible no escuchar un ruido tan fuerte
LISANDRO Mucha gente despertó y fue a su entierro, Leandro, muchísima, cien mil se dijo
LEANDRO (al muñeco) ¿Dónde estaban mientras yo me iba muriendo en soledad, rumiando mi fracaso, convencido de que nadie había escuchado mi prédica, de que toda mi vida había sido un inmenso error?
LISANDRO Usted los asustaba con su moralismo, con su obsesión por descubrir pecados en los demás, es muy difícil acercarse a un mesías desorbitado
LEANDRO (sombrío, siempre sobre el sillón) Todos esos después se fueron con Yrigoyen y lo ayudaron a arruinar el radicalismo, la Semana Trágica, la represión en la Patagonia…(echa a reír) Les interrumpí sus partidas de poker ¡Usted no se imagina cómo dejé el Club del Progreso! Nunca pensé que el cuerpo humano albergara tanta sangre (hace ademanes representando lo que dice)  Quedó un fangal que habrán tardado semanas y semanas en limpiar. Y el olor de mi agonía no habrá sido tampoco fácil de despejar (se incorpora)
LISANDRO Por lo menos ésa le salió bien, si los quería embromar lo logró
LEANDRO No vuelva a pensar en el suicidio, no vale la pena
LISANDRO Estoy seguro de que no se me ocurriría una puesta en escena como la de su muerte. No olvidó usted dejar una carta de despedida que conozco de memoria “He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir”
LEANDRO (continúa, como si no lo hubiera escuchado, al muñeco) “Parar vivir estéril, inútil y deprimido es preferible morir. He luchado de una manera indecible en los últimos tiempos; pero mis fuerzas, tal vez gastadas ya, han sido incapaces para detener la montaña... ¡y la montaña me aplastó!”
LISANDRO (sarcástico) Un texto literario encomiable.  Fue el suicidio de un escritor al que la política privó del Premio Nobel
LEANDRO Sabe, Lisandro, obviando su ironía, quise que mi muerte fuera la mejor obra de mi existencia. La planifiqué meticulosamente.  Me suicidé muchas veces, una sola vez con bala. El suicidio siempre debe aspirar a la grandeza. Empédocles, el filósofo, decidió terminar con su vida arrojándose dentro del cráter del Etna para así desparecer de la vista de sus contemporáneos con la esperanza de que estos llegarían a convencerse de su divinidad. Pero usted y yo aprendimos que la grandeza es un objetivo incompatible con lo humano: sucedió que al saltar, una sandalia de Empédocles escapó de su pie y fue hallada al borde del cráter con lo que el artilugio del filósofo fracasó.
(Silencio)
LISANDRO ¿Sabe, Leandro? Yo creí que mis denuncias iban a herir al gobierno. Pero el asunto rápidamente pasó al olvido.

LEANDRO El olvido es el más cruel de nuestros enemigos.

LISANDRO  La memoria está en manos de los poderosos. Son ellos los que deciden qué recordar y qué olvidar.

LEANDRO Nosotros fuimos olvidados aún en vida.
LISANDRO Leandro, una pregunta… ?Usted cree que las cosas en nuestra patria van a mejorar alguna vez?
LEANDRO  Sí, yo creo que sí, soy optimista, alguna vez la buena gente se va a dar cuenta y se va a rebelar (desafiante ante el muñeco)
LISANDRO (dubitativo) Ojalá…
LEANDRO Lo que nunca pude explicarme por qué se presentó usted a las elecciones que llevaron al general Justo a la presidencia, que estaban viciadas porque la fórmula radical, seguramente vencedora, no sólo estaba proscripta sino también presa. Usted avaló el fraude

LISANDRO (avergonzado) Lo reconozco, fue un error.

LEANDRO: Suerte que esta vez no ha dicho usted “vacilación”. Fue un error tan grande que muchos pensaron, no fue mi caso se lo aseguro, que usted habría recibido…(no sabe cómo seguir)

LISANDRO Recibido ¿qué?

LEANDRO Digamos… un estímulo para equivocarse

LISANDRO (enfurecido) ¿Cómo se atreve usted a sugerir semejante cosa? Nadie se atrevió a decírmelo en la cara, si no lo hubiera retado a duelo en el acto.

LEANDRO Otra vez lo del duelo. Usted es un obsesivo de los duelos. Duhau fue mucho más eficaz que usted, no lo retó a duelo, mandó a su guardaespaldas Valdés Cora a que lo matara. Falló culpa de Bordabehere

LISANDRO ¿Es que las buenas personas tenemos menos derecho a equivocarnos que los malos?. 

LEANDRO Convengamos que no fue un error, fue una aflojada, otra vez usted se dejó llevar por su ambición, una ambición que hasta lo llevó a delirar que podía ganar la elección

LISANDRO ¿Es que no tenía derecho a aflojar una vez en la vida?

LEANDRO Era una cuestión de ética.

LISANDRO (poseído de rabia)  ¡Etica, ética, una palabra demasiado pesada para usarla livianamente! ¿Qué derecho teníamos usted y yo para andar por la vida repartiendo eticazos a diestra y siniestra? ¿Quién nos autorizó a ser jueces de los demás? ¡Hasta entre nosotros no podemos evitar competir a ver quién fue más ético, más perfecto! Convénzase, Lisandro, somos tan imperfectos como los demás, como todos, sólo que por circunstancias de las que apenas hemos sido responsables hemos cumplido con la fantasía colectiva e imaginaria de la existencia de personas mejores. Hemos sido los fariseos de nuestro tiempo, aquellos que en Judea se creían perfectos porque cumplían con las convenciones religiosas, pero a quienes Cristo llamó hipócritas, sepulcros blanqueados por fuera y llenos de gusanos por dentro (pasa a la ofensiva) Usted también se equivocó y aflojó, Leandro, cuando sorpresivamente se opuso a que la ciudad de Buenos Aires se transformara en la capital del país a pesar de que antes usted se había expresado a favor y sabía que esa era una antigua reivindicación de las demás provincias para que la de Buenos Aires dejara de asfixiar políticamente y económicamente a las demás.

LEANDRO (también enojado) El tiempo me dio la razón porque…

LISANDRO (gritando, al muñeco) ¡No sé a quién le dio la razón el tiempo, lo cierto es que usted se puso de lado del gobernador  Tejedor en esa estúpida guerra civil que dejó mas de cinco mil compatriotas muertos porque la provincia de Buenos Aires no quería renunciar a sus privilegios! ¡Cinco mil muertos más en su cuenta, Leandro! (muy enojado) ¿Sabe lo que fui comprendiendo a lo largo de esta charla? Que usted se tomó la molestia de venir del más allá porque usted quiere quedar en la historia como el dueño único del suicidio ético. ¡El único argentino que se suicidó por no tolerar los desvíos de la política, por no dejarse tentar por la corrupción!
LEANDRO (herido) ¡Cómo se atreve…! Está bien, haga lo que quiera, suicídese, usted está demasiado quebrado, es un inservible, ya ni siquiera razona bien
LISANDRO (conmovido) No necesito su autorización
LEANDRO (se da vuelta para retirarse) Adiós
LISANDRO ¡Espere! (LEANDRO se detiene) No se vaya (angustiado) Disculpe mis agresiones… y ayúdeme
LEANDRO Lisandro, he hecho lo que estaba a mi alcance para impedir su suicidio. Ya no…
LISANDRO (lo interrumpe) Aunque no esté de acuerdo, le pido que me ayude a suicidarme. Sea mi Epafrodito
LEANDRO (vacila) Me pide mucho porque usted sabe que no… . Y le aseguro que no es por celos. El suyo será un suicidio tan sin sentido como el mío. Y su mensaje será el de la inutilidad de oponerse al poder (LEANDRO extrae su revólver del interior de su saco. LISANDRO toma el suyo de encima de su escritorio y se lo entrega. LEANDRO hace el cambio
LISANDRO se abre la camisa exponiendo su pecho) ¿Dónde lo quiere? (LISANDRO señala su corazón) El corazón… ¿está seguro? Es un poco cursi (LISANDRO insiste. LEANDRO vacila algunos segundos pero luego apunta y dispara)
(LISANDRO cae muerto. LEANDRO coloca el revólver en su mano, toma el sobre con su despedida y lo deja junto al cadáver. Luego se esfuma en la oscuridad
En off se escucha la frase final de la carta de despedida de LISANDRO: “Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndome con todo lo que muere en el Universo”
Una potente luz ilumina al muñeco y se escucha una ensordecedora carcajada)

FIN

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