La tentación

(Obra para dos actores, escenario despojado, vestimenta atemporal)

 

PONSOMBY  Usted y yo podríamos llevarnos muy bien si no fuera Ud. tan…cabeza dura

DORREGO  Y si ustedes los ingleses no se creyeran los reyes del mundo

PONSOMBY Tiene usted razón, señor Dorrego, en que no somos los reyes del mundo pero lo cierto es que desde Waterloo somos sin duda la nación más poderosa sobre la Tierra. Pero no se equivoque, ese poder lo empeñamos para que en este mundo regido por monarquías tiránicas se expandan los beneficios de la libertad.

DORREGO La libertad para comerciar con ustedes y con nadie más.

PONSOMBY  ¿Preferiría hacerlo como hasta 1810 exclusivamente con un imperio decadente como España? (DORREGO le sirve una copa. PONSOMBY prueba y hace una mueca de extrañeza al no identificar la bebida alcohólica)
No estará usted envenenándome…

DORREGO (ríe) Le aseguro que a veces me dan ganas

PONSOMBY No es gin

DORREGO Si adivina tendrá premio

PONSOMBY (sigue la broma) ¿Qué premio?
DORREGO Cumpliré con lo que me  viene a pedir (sugerente) … o a exigir

PONSOMBY (bebe otro sorbo) Me rindo

DORREGO Es caña con ruda.

PONSOMBY (intrigado) ¿Caña?

DORREGO Se hace de la melaza de la caña de azúcar. Y los guaraníes le agregan ruda, a la que consideran una hierba mágica, para ser fuertes, para ahuyentar lo que pueda hacer daño.

PONSOMBY (irónico) Ahora comprendo por qué me lo ha dado a beber.

DORREGO (siguiendo la ironía) ¡A su salud, señor embajador! (brindan)

PONSOMBY  Vayamos al grano, señor gobernador,¿qué va hacer con la guerra con el Brasil?

DORREGO Recuerde que ha perdido el premio 

PONSOMBY (severo) Le ruego que me responda 

DORREGO (enfático) Seguirla, por supuesto, no es posible aceptar que la Banda Oriental sea parte del Brasil.

PONSOMBY (fastidiado) Eso fue lo que se firmó en Río de Janeiro en nombre de su país y debería respetarse. En las sociedades civilizadas los tratados se firman para ser respetados.

DORREGO (enojado) ¿A usted le parece, señor embajador, que puede aceptarse la entrega de la Banda Oriental luego de que nuestras fuerzas vencieron a las brasileras en Ituzaingo? ¿Y  nuestra escuadra en Juncal?

PONSOMBY  El presidente Rivadavia sensatamente pasó por alto esas circunstancias coyunturales y prefirió evitar que sus compatriotas continuaran muriendo en una guerra que no tenía sentido porque tarde o temprano Brasil iba a vencer.

DORREGO ¿Vencer? Eso es lo que habían decidido las negociaciones de su Corona con  Pedro I, pero no tuvieron en cuenta, si me disculpa la impertinencia,  que los habitantes de las Provincias Unidas tenemos las pelotas bien puestas.

PONSOMBY (sin enojo) Le ruego que guarde las formas, señor gobernador.

DORREGO Las formas, las formas…  ¿Qué formas guardó ese traidor de García cuando firmó ese tratado que convenía a Brasil y a la Gran Bretaña y no a mi patria?

PONSOMBY Usted parece no comprender que hay naciones que tienen el derecho moral de conducir los destinos del mundo, de organizarlo, de garantizar el predominio de la civilización por encima  de lo selvático. Imagínese usted que  Napoleón hubiera vencido en el campo de batalla y se hubiese ungido a sí mismo emperador del planeta. Una pesadilla, el apocalipsis bíblico. Gracias a Dios y a Gran Bretaña eso no ha sucedido.
  
DORREGO Y como premio se han apoderado ustedes de la mitad del Africa y de la mitad de Asia. ¿Acaso los han consultado si querían la civilización al estilo británico? Y ahora quieren hacerlo con América a través de sus aliados brasileros.

PONSOMBY Amigo Dorrego, el suyo es un país alejado, pequeño, sin recursos ni industrias, desgarrado por luchas internas, la mayoría de sus habitantes viven en la miseria, ¿qué petulancia insólita le hace a usted pensar que pueden subsistir sin la colaboración de una gran nación como la mía? Rivadavia lo había comprendido.

DORREGO A ese gordo fatuo le hubiera gustado ser inglés, nada lo hubiera hecho más feliz que nacer del otro lado del océano, pero tuvo la mala suerte de nacer aquí y entonces gastó  los recursos del Estado (sugerente)  mejor dicho aquellos que no fueron a parar a sus bolsillos y a los de sus cómplices, en hacer de Buenos Aires una ciudad inglesa olvidándose de las provincias y del ejército de los Andes.

PONSOMBY Siempre le tuvo usted inquina a don Bernardino.

DORREGO Usted sabe que no es inquina

PONSOMBY Es un buen aliado de Inglaterra

DORREGO Sea sincero, milord, si usted hubiera nacido en esta tierra, ¿qué pensaría de Rivadavia?

PONSOMBY Posiblemente lo mismo que usted. Pero yo no he nacido aquí sino allá lejos, en una isla.

DORREGO El fue quien les enseñó que no hace falta invadir un país para dominarlo, basta con endeudarlo en cifras impagables. Con la ventaja añadida de que los socios interiores que se enriquecen con ello serán siempre sus aliados y ustedes, por su parte, cuidarán de que ocupen posiciones de responsabilidad en todos los gobiernos. También custodiarán que la historia les reserve sus mejores páginas, porque las historias no las escriben los pueblos sino los poderosos.  

PONSOMBY No fue míster Rivadavia quien nos enseñó eso. Hace tiempo lo aprendimos. 

DORREGO En la India habrá habido un Rivadavia hindú, imagino

PONSOMBY Puede usted deducir, señor gobernador, que poca gracia nos ha hecho a los británicos que usted acosara a don Bernardino hasta provocar su caída.

DORREGO Rivadavia cayó por la indignación de nuestra gente, harta de sus trapisondas, de sus negociados. De esa constitución que prohibía  el voto “a los criados a sueldo, peones jornaleros y soldados de línea”, así decía textualmente. Todas las provincias la rechazaron. Excluía a la chusma, como  la llaman despectivamente los unitarios. A los que cargan sobre sus espaldas las tareas más odiosas, trabajar la tierra de sol a sol sin paga, sólo por la comida y un lugar para echarse por las noches. O ser reclutados por la fuerza para los ejércitos destinados a combatir a los caudillos que se atreven a contrariar las despóticas decisiones de Buenos Aires.  

PONSOMBY En todos las naciones del mundo, en las metrópolis y en las colonias, hay ricos y pobres.

DORREGO Y los seguirá habiendo mientras los ricos se guarden el derecho de decidir por los pobres

PONSOMBY El voto calificado es una ley vigente en muchas naciones civilizadas del mundo. Trata de reservar las decisiones a los ciudadanos instruídos y de buena posición económica.

DORREGO (burlón, indignado) Usted bien conoce la calaña de nuestros ciudadanos instruidos y de buena posición económica. Son hijos y nietos de los contrabandistas de la plata potosina y de los traficantes de esclavos africanos a quienes los suyos, señor embajador, están enseñando a modernizar su villanía enriqueciéndose con la especulación bancaria y las operaciones financieras.

PONSOMBY Es usted un purista, señor gobernador, el comercio siempre está en el borde de la legalidad porque no se rige por la moral sino por las reglas del mercado. Y como lo demostró mi compatriota Adam Smith éste se asemeja a una mano invisible que busca un equilibrio que redunda siempre, siempre, en el beneficio de todos.

DORREGO (rabioso) Ese tal Smith debería venir a estas tierras y entonces comprendería que eso que escribió es un disparate

(Pausa)

PONSOMBY (deja la copa sobre la mesa, bromista) Efectivamente no he muerto… salvo que el suyo sea un veneno de efecto retardado

DORREGO  O que los ingleses son tan odiados por el resto del mundo y desde hace tanto tiempo que se han vuelto resistentes a todo veneno

 PONSOMBY (sigue la broma) Es el clima de Buenos Aires…si he sido capaz de sobrevivir a él nada podrá hacerme daño. ¿Es acaso humano que ayer a la tarde  hemos debido soportar un calor húmedo, africano, y anoche hemos sido torturados por un frío que parecía descender de la cima de los Andes?

DORREGO (intencionado) A propósito, milord, usted es un hombre distinguido, cualquiera se da cuenta de que es usted un auténtico noble inglés, barón de Imokilly si no me equivoco, ¿qué hace usted aquí en estas tierras inhóspitas, tan lejanas?.

PONSOMBY (evasivo) Sirvo a mi Corona.

DORREGO  Lady Conyngham…

PONSOMBY (entre incómodo y halagado) Una mujer hermosísima, culta y elegante. Y sensual, muy sensual, se lo aseguro.

DORREGO Con un pequeño defecto…

PONSOMBY ¿Cuál?

DORREGO Que Su Majestad el Rey piensa lo mismo.

PONSOMBY (suspira) “Los celos son crueles como el infierno y su ardor es el ardor del fuego”.

DORREGO (hiriente) No es una mala frase para un funcionario colonial destinado al último confín  del mundo.

PONSOMBY Es del “Cantar de los cantares”.

DORREGO Veo que los ingleses son tan importantes que hasta la Biblia se ocupa de sus amores, milord.

PONSOMBY (contrariado) No se burle usted de mi infortunio, le ruego.

DORREGO Imagino que se salvó usted de la horca de milagro.

PONSOMBY Digamos que la insistencia de lady Conyngham  logró cambiar la horca por el destierro en un lugar lejano, muy lejano.

DORREGO ¿Es cierto que no ha deshecho usted sus maletas?

PONSOMBY Veo que alguno de mis sirvientes es un lengua larga… Debo confesarle que es mi deseo volver a mi patria lo antes posible

DORREGO Ahora comprendo por qué está usted tan ansioso por cumplir rápidamente con su misión de lograr que la Banda Oriental se incorpore al Brasil.

PONSOMBY Debo confesarle que mi mayor deseo sería poder hacer tratos con  gente como usted y no con sus adversarios que, en su mayoría, me parecen despreciables. Pero son ellos los que entienden que el mundo debe regirse con la mira puesta en la civilización y no en la barbarie. Y que ello a veces tiene sus costos.

DORREGO (indignado) ¡Cuántos despropósitos se han hecho y se harán en nombre de lo que ustedes entienden por civilización!. En la India ¿han dejado ustedes algún palacio en pie, algún fuerte?. ¿Habrá sobrevivido algún elefante a su ímpetu civilizador, alguna palmera se mantiene aún en pie?.

(En off se escucha ruido de cascos de caballos, arrastre de cañones  y entrechocar de espadas. Es el ejército que se acerca a Buenos Aires. Ni Dorrego ni Ponsomby lo oyen)

PONSOMBY  (extiende su copa) Aceptaré un poco más de su brebaje (DORREGO sirve) ¿Muda, dijo usted?.

DORREGO Ruda

(Pausa)

PONSOMBY   ¿No cree usted que el río de la Plata es demasiado ancho para ser de un solo país?.

DORREGO (irónico) Lo dice un inglés que está convencido de que el mundo es demasiado pequeño para que Inglaterra tenga que compartirlo con otras naciones.

PONSOMBY (impaciente) Al grano, señor gobernador,  ¿cuando firmará la paz con Brasil?

DORREGO (irritado) Parece usted sordo. Le he dicho que nunca. La paz significaría dar validez al tratado y eso es inaceptable. La guerra continuará. Nuestro  ejército está a una jornada de Buenos Aires y puede usted imaginar la indignación de oficiales y soldados que han arriesgado y perdido sus vidas heroicamente para ser luego burlados en una negociación que deja mucho que sospechar… (pausa) Imagino que usted no responderá a una pregunta que intriga a todos. ¿Fueron sobornados Rivadavia y García? ¿O es tanto su servilismo a la Gran Bretaña que ni siquiera eso hizo falta? 

PONSOMBY (sugerente) Quizás no haya que elegir una de las dos sospechas… (pausa) Creo que hoy tendremos otra noche fría. Esa es una de las circunstancias en uno lamenta vivir solo

DORREGO  (pícaro) Sin embargo llegan a mí informes de que no son muchas las noches en que duerme usted sin compañía

(A lo largo de la obra, a pesar de lo importante y dramático de lo que se discute, será evidente que entre ambos priman sentimientos de respeto y afecto recíprocos)

PONSOMBY Dice usted que continuará la guerra pero una guerra es una empresa cara, señor gobernador, muy cara, como usted sabe los ingleses sabemos mucho de esos asuntos.  ¿De donde sacará dinero para financiarla? El banco está exhausto, su tesoro está vacío.

DORREGO  Así lo dejaron sus amigos unitarios y sus cómplices, entre los que había unos cuantos compatriotas suyos. También el cónsul Parish Robertson.

PONSOMBY En su momento escribí a Londres opinando que no parecía adecuado que un reconocido espía, un buen espía por otra parte, fuera ungido cónsul, pero nunca recibí respuesta.

DORREGO  (toma un papel de su escritorio y se lo extiende a PONSOMBY) Hablando de espías… Lea (el embajador lee).

PONSOMBY Veo que tiene usted un buen servicio secreto.
 
DORREGO Mis espías son los sirvientes, los esclavos. Son ellos los que vienen y me cuentan lo que traman sus patrones.

PONSOMBY Como usted imagina mi gobierno podría pedirle a usted explicaciones por esto que puede empañar las relaciones entre nuestros países.

DORREGO Soy yo el que le pido explicaciones.  ¿Por qué está usted empeñado en “desalojarme del gobierno” como dice esta comunicación a su cancillería?. Además pronostica usted que no duraré mucho en este lugar.

PONSOMBY  Podría desmentir ese papel, pero no lo haré. En todo caso le queda clara a usted mi absoluta decisión de obrar a favor de los intereses de mi patria, que lamentablemente su terquedad los hace antagónicos a los suyos. Es usted el que me fuerza a acordar con los notables de Buenos Aires. 

DORREGO (irónico) Los de la “clase decente” como dice usted en esa comunicación, dando por sentado que los pobres son “indecentes”… Lo que está claro, señor gobernador, es que si usted conspira junto con los unitarios en mi contra es menos por el conflicto de la Banda Oriental que por el temor de que junto con los orilleros, los indios, los gauchos y los mulatos que creen en mí tomemos el poder y cambiemos las cosas. Por eso están tan preocupados de que el ejército que dentro de pocas horas llegará a Buenos Aires se decida a apoyarme. Eso sería un jaque mate.

PONSOMBY  Es sólo un jaque, señor Dorrego. No es mate porque carece usted absolutamente de dinero y nada puede hacerse sin dinero. Es ésa mi desventaja ante lady Conyngham. Mi posición económica no es comparable con la de nuestro soberano.

DORREGO (algo vacilante) Tengo esperanzas de que algún banco extranjero nos conceda un préstamo.

PONSOMBY ¿Un préstamo? Es usted ingenuo, señor gobernador, ¿qué banco confiará en usted si acaba de anunciar que las Provincias Unidas  interrumpirán el pago de la deuda con la banca Baring?

DORREGO  Eso fue un latrocinio, una estafa inconcebible… He reclamado a Londres el envío de algo de lo allí depositado y se me ha prometido el envío de una suma irrisoria, no más de cincuenta mil libras, con el pretexto de que el envío por barco es peligroso por los piratas. ¡Si los piratas son ingleses! Como aquel Francis Drake que anduvo por el río de la Plata y al que su reina hizo después caballero (pausa, beben).

PONSOMBY Los jefes de su ejército son Alvear y Lavalle ¿no es verdad?

DORREGO Usted sabe que es así.

PONSOMBY Alvear es un aristócrata y Lavalle pretende serlo.

DORREGO ¿Qué está sugiriendo?

PONSOMBY No los imagino mezclados con su chusma ¿Qué le hace suponer que se pondrán de su lado?

DORREGO Recuerde, señor embajador, que yo soy la autoridad legítimamente elegida por votación popular y consagrado por la Legislatura. Ellos me deben obediencia.

PONSOMBY (jocoso) A veces no sé si usted bromea o habla seriamente. Señor Dorrego, en su tierra nunca se ha tenido en cuenta las formalidades del poder. Ahí andan las calles abarrotadas de ex gobernadores defenestrados por otros ex gobernadores, ex ministros que han tenido que dejar su lugar a otros ex ministros, generales a los que se les sublevó su tropa y que conspiran para que otras tropas se subleven contra los generales que hoy las mandan…

DORREGO Dejemos de lado a Alvear, quien ha preferido renunciar para evitar el juicio que se merece y del que, espero, no se salvará. En cuanto a Lavalle es un patriota, un héroe de nuestra independencia, luchó como un león a las órdenes del general San Martín quien lo tenía en elevada consideración. He recibido informaciones de que está furioso y que desea continuar la guerra.

PONSOMBY  Habrá que ver contra quién está dirigida su furia  porque hay muchos que han sido  convencidos de que Rivadavia se vio obligado a firmar el tratado de paz por el acoso político a que usted y los suyos lo sometían. Es decir que para muchos el verdadero responsable es usted. Por otra parte su enojo se agranda porque hace meses que no cobran.

DORREGO (preocupado) Seis, para ser precisos. Mientras en las ventanillas del Banco se pagó en oro contante y sonante las letras de los especuladores, hasta la última moneda. Sólo quedaron algunas macuquinas… 
 
PONSOMBY Es a usted a quien le van a reclamar su paga, usted es hoy la autoridad. Estoy seguro que eso les preocupa más que continuar la guerra.

DORREGO Cuando me reúna con Lavalle le explicaré lo difícil de mi situación, lo comprenderá, y le haré conocer mi proyecto de constituir una federación de provincias igualitarias, que todas ellas tengan autonomía para designar sus poderes sin acatar a los procónsules que la prepotencia porteña les impone. También lograremos que los ingresos de la aduana ya no queden más para usufructo exclusivo de Buenos Aires y sean distribuidos equitativamente entre todos los estados...

PONSOMBY  (interrumpe) Recuerde que por tener ideas semejantes a las suyas Artigas salvó su vida de milagro y hoy envejece, olvidado, preso en el Paraguay del dictador Francia.

DORREGO Una gran persona el oriental

PONSOMBY Coincido con usted. Pero su proyecto político era inaceptable

DORREGO ¿Inaceptable para quien?

PONSOMBY Inaceptable. No haga preguntas cuyas respuestas conoce.

DORREGO Estoy seguro que Lavalle compartirá mi proyecto porque es un patriota, él ha andado por nuestras provincias y conoce la deplorable situación de nuestros hermanos, su ruina económica, no es un petimetre como Rivadavia, del Carril, los Varela, Aguero y los otros que nunca salieron de Buenos Aires.    

PONSOMBY También en Inglaterra hay miseria. La revolución industrial ha hecho que muchos abandonaran el campo y se hacinaran en las afueras de Londres.

DORREGO Está claro que seremos nosotros, los americanos, los que los sacaremos de la pobreza a costa de que la miseria se expanda en nuestras naciones.

(Pausa)

PONSOMBY (intencionado) ¿Sabe usted quien tomó a su cargo la manutención de la esposa y de los hijos de Lavalle mientras estaba en campaña?

DORREGO (grave) Rivadavia, lo sé.

PONSOMBY  Esas son actitudes que los caballeros no olvidan… Además nuestro Disraeli opinaba que la cuna influye en las conductas más que las circunstancias.

DORREGO ¿Qué quiere usted decir?.

PONSOMBY Que Lavalle pertenece a la “clase decente” a la que usted agrede con su demagogia provocativa
 
DORREGO ¿Demagogia?

PONSOMBY Se le reprocha que usted hace todo lo posible, más allá de lo aconsejable y prudente, para ganarse el favor de la chusma. Me ha contado el general Iriarte que se ha encontrado con usted por la calle y que iba usted muy desaliñado y con aspecto poco…higiénico y él ha interpretado que lo hace usted para conquistar a los “descamisados”, como él los ha llamado.

DORREGO (inflamado) Son ellos, los “descamisados”, los que rechazaron a los suyos cuando quisieron invadirnos mientras los tilingos andaban de sarao en sarao con Beresford y sus oficiales. Porque la patria nada tiene que ver con la libertad de comercio ni con  la libre navegación de los ríos. Esas son necesidades de los capitalistas que pretenden confundir sus intereses con los de la patria y por esos intereses están dispuestos a vender el alma a su Corona, señor embajador.

PONSOMBY (disimulando su impaciencia) No entiendo por qué se siente usted responsable por la suerte de las clases inferiores

DORREGO ¿Usted no? ¿Nunca sintió que podía hacer algo por la suerte de los infortunados?

PONSOMBY  No, en algún caso me han conmovido. Por ejemplo por la persecución a que son sometidos los católicos en mi país.
 
DORREGO Es usted un afortunado, créame que lo envidio. En cambio yo estoy parasitado por la obligación de hacer algo por los infortunados. Es como un mandato interior al que no puedo escapar.

PONSOMBY ¿Era necesario poner precios máximos al pan y a la carne?

DORREGO (no escucha) Y no se trata de beneficencia sino que lamentablemente aprendí que la miseria no responde a leyes de la naturaleza ni a predestinaciones, tampoco a castigos divinos, sino que el culpable de la desgracia de algún ser humano es siempre otro ser humano. Créame que desearía no tener esta compulsión a cambiar el mundo.
 
PONSOMBY Le pregunté sobre el pan y la carne

DORREGO Ahí tiene usted un ejemplo ¿Acaso no hubiera sido mejor para mí no malquistarme con influyentes comerciantes y dejar que algunos muriesen de hambre por no poder comprar lo mínimo para alimentarse mientras otros se llenan la panza y los bolsillos con sus conciencias tranquilizadas por las ideas liberales que vienen de su tierra, milord, y que hacen de la codicia una virtud superior a la misericordia?

(Pausa. En off vuelve a escucharse el ruido del ejército que se acerca)

PONSOMBY (bebe. Reorienta la conversación) Señor gobernador, a veces las cosas no son como a uno le gustaría que fuesen. En mi país lo llaman “reality determinaton”, decisión de la realidad. Y no aceptarlo puede tener consecuencias (sugerente) En algunos casos consecuencias graves.

DORREGO (tocado) Mi derrocamiento

PONSOMBY (grave, casi amenazador) Aún más graves (DORREGO acusa el golpe) Eso sí está en sus manos. Evitar consecuencias trágicas depende de usted.

DORREGO (firme pero con una pizca de vacilación. A medida que avance la pieza hasta el final DORREGO irá vacilando de la decisión a la duda, de la firmeza en sus ideales a la tentación de aceptar lo que PONSOMBY le ofrece a cambio de su claudicación)  Jamás firmaré la paz.

PONSOMBY (sentencioso) El más peligroso de nuestros amores es el amor propio.

DORREGO (burlón) ¿Otra cita bíblica?

PONSOMBY No, esta vez es de Talleyrand. Se lo dijo a Napoleón cuando invadió Rusia. Jamás debió invadirla. Una terquedad similar a la suya, señor gobernador, que ya hace años a usted le costó el destierro.

DORREGO Otro traidor, Pueyrredón. Pretendí defender a Artigas pero él estaba obsesionado con el oriental. Casi todos en Buenos Aires lo tenían por un enemigo a destruir.

PONSOMBY Representaba  a la barbarie.

DORREGO (reflexivo)  Quizás él también estaba parasitado… A lo mejor hubiera deseado no ser leal a sus convicciones, estoy seguro de que sabía los riesgos que corría.

PONSOMBY Escuché que su entrevista con el Director Supremo fue muy… acalorada

DORREGO Pueyrredón me dijo “respete mis galones”. Y yo, que estaba muy enojado, le respondí una inconveniencia.

PONSOMBY (riendo) “No sé en qué batalla ha ganado usted sus galones”.

DORREGO Es que Pueyrredón jamás intervino en ninguna batalla que mereciera llamarse así, había llegado al Directorio por su astucia y porque había engañado a San  Martín prometiéndole un apoyo que nunca le envió (pausa, beben) ¿De quién hubiera preferido usted ser amigo, de Artigas o de Pueyrredón?

PONSOMBY De Artigas, sin duda. A veces he imaginado viajar al Paraguay, invitarlo a compartir vinos en una fonda y escucharlo, seguramente debe ser fascinante escucharlo contar su vida. Pero era mucho más fácil llegar a  un acuerdo con Pueyrredón .

DORREGO (punzante) Lamento que usted considere que ir en contra de su naturaleza sea una forma de servir a su Corona.

 (Pausa, beben)

PONSOMBY Antes de venir aquí pasé por lo del señor del Carril pero no estaba. Sus criados me informaron que estaba de viaje junto con los señores Agüero y Varela.

DORREGO Olvida usted a alguien (PONSOMBY lo observa y espera el nombre) Míster Guilligham, ¿le suena conocido ese nombre?... Es su secretario, señor embajador.

PONSOMBY Indicaré a míster Guilligham que sea más cuidadoso cuando hable delante de sus sirvientes   

DORREGO (preocupado) Imagino que han ido a encontrarse con Lavalle.

PONSOMBY (enfático) ¡No pretenderá usted que Rivadavia y los suyos acepten su derrota mansamente y se queden en sus casas!

DORREGO  Como un gesto de reconciliación he nombrado a dos de ellos en mi gabinete, Guido en la cartera de Gobierno y Relaciones Exteriores y López y Planes en Hacienda.

PONSOMBY (diciendo algo que debería ser obvio) Señor gobernador, seré sincero: no creo que esos señores de los que hablamos sean sensibles a los gestos. Por su condición de hombres de negocios están más predispuestos a los hechos concretos y el hecho más concreto es que usted y los suyos los han desalojado del poder y desde ese mismo momento los desvela el deseo de volver a él (sugerente) Cueste lo que cueste.

DORREGO (inseguro) Usted alucina revoluciones.

PONSOMBY Tenga en cuenta que usted está en desventaja porque a usted lo mueven sus principios y a ellos la ambición.
Sabido es que la ambición es siempre más poderosa que los principios.

DORREGO  Además la ambición junta a muchos y los principios a pocos…

PONSOMBY (extrae del interior de su chaqueta una bolsita de cuero que contiene tintineantes monedas y la deposita sobre la mesa. DORREGO parece no haberse dado cuenta) Usted debería controlar esa compulsión a aliarse con los más débiles. Va en contra de principios elementales de la política. ¿Con quien se alió Inglaterra para derrotar a Napoleón? Con Prusia, el mejor ejército de Europa después del francés.
 
DORREGO Tanta confianza tengo en la lealtad de mis subordinados que podría haber impedido que el ejército entrara en Buenos Aires como me aconsejaron varios desviándolo hacia Corrientes y Entre Ríos para iniciar las operaciones en contra del Paraguay. Sus espías le habrán informado que es mi intención forzar por las armas a Paraguay a reintegrarse a las Provincias Unidas (algo desafiante) Cuando la Banda Oriental también vuelva al redil habremos recompuesto en gran parte el territorio del virreynato del Río de la Plata (entusiasmado) Ése será un gran día. Si usted está todavía entre nosotros será grato para mí invitarlo a la celebración.

PONSOMBY (levemente irónico) Agradezco su deferencia, señor gobernador.

DORREGO En cuanto a Lavalle, que tanto parece preocuparlo (hiriente) o quizás esperanzarlo, ya verá que cuando entre en esta habitación y lo invite a ocupar la silla en la que usted está sentado todo quedará claro.

PONSOMBY Me temo que el general Lavalle ambicione otra silla y es ésa sobre la que está usted sentado.

DORREGO Ya lo he dicho: usted alucina revoluciones .

PONSOMBY ¿Qué supone usted que le ofrecerán los emisarios que quizás en estos momentos están negociando con él?  (pausa larga. PONSOMBY conoce las consecuencias que tendría la negativa de DORREGO y se esfuerza por convencerlo) ¿Es usted creyente, señor gobernador?

DORREGO (suspira) Yo diría que más que creyente soy un dudante (toma la bolsita de encima de la mesa y la sacude haciendo tintinear las monedas en su interior)

PONSOMBY Sin embargo… ¿Acaso usted cree aún en esas fábulas infantiles inoculadas por la religión acerca del premio a los buenos y el castigo a los malos? Hasta que la existencia del cielo y del infierno no esté probada uno no debería despreciar el premio aquí abajo, en la tierra. Porque, por otra parte, ¿quién o qué le asegura a usted que la razón no esté de mi parte?

(El argumento de PONSOMBY ha sido una estocada a fondo. DORREGO, tocado, deja la bolsita sobre la mesa con brusquedad como si le quemara)

DORREGO (oscuro) Usted es un buen patriota inglés y yo intento ser un buen patriota argentino. Esa es la diferencia entre nosotros… Quizás insalvable.

PONSOMBY En cuanto a la campaña contra el Paraguay a la que se acaba de referir he recibido una comunicación de lord Dudley, nuestro Primer Ministro, quien la considera plenamente justificada.

DORREGO Lo que usted quiere decir es que para atacar al Paraguay dispondré de los fondos que se me niegan para recuperar la Banda Oriental.

PONSOMBY Le hago una propuesta que estoy seguro logrará vencer su obstinación: si simultáneamente con la aceptación del tratado con el Brasil usted comunica la iniciación de las operaciones en Paraguay y paga los sueldos atrasados con un dinero que yo le facilitaré, ni Lavalle ni sus oficiales podrán acusarlo de cobarde y además podrán saciar en tierras guaraníes el hambre de guerra que distingue al ejército de su país (intencionado) Y entonces quizás usted pueda seguir gobernando. Y a lo mejor usted y yo podamos ser amigos (sincero)  No dude, señor gobernador, que es algo que deseo.

DORREGO (toma otra vez la bolsita de encima de la mesa) No deja usted ningún hilo suelto.

PONSOMBY (satisfecho) Señor Gobernador, ayúdeme a salir de una duda. Siendo tan extenso el territorio de su país y estando deshabitado en su mayor parte ¿por qué se obstina en no perder la Banda Oriental?

DORREGO El Río de la Plata es nuestro, nos pertenece, si nos arrebatan uno de los márgenes será un río internacional y perderemos los derechos a controlar su navegación. Además la Banda Oriental es una provincia maravillosa, de campos fértiles y gente generosa. ¡Ya demasiados territorios hemos perdido!   

PONSOMBY ¿Habla usted de soberanía?

DORREGO (hiriente) Parece que por fin comienza a entenderme

PONSOMBY (sarcástico) ¡Soberanía! Esa es una abstracción, es absurdo ir a una guerra por una abstracción. Es como perder la vida por la belleza o por la eternidad.

DORREGO (juega con la bolsita en sus manos, sin abrirla en ningún momento) Usted trabaja para la monarquía, otra abstracción.

PONSOMBY (enfático) ¿Abstracción? ¿Piensa usted que un sistema de gobierno que ha expandido su poder por todo el planeta es una abstracción? La monarquía británica es un sabio equilibrio político y comercial entre los intereses de la nobleza y los de la burguesía. Nobles y burgueses están convencidos de la grandeza de Gran Bretaña y son sabios en no disputarse los buenos negocios sino en compartirlos. Así prestamos además el servicio de expandir el liberalismo, esas ideas revolucionarias de libertad de comercio y de pensamiento.

DORREGO Y para eso nada mejor que fragmentar los antiguos virreinatos y capitanías americanas para que las nuevas repúblicas sean pequeñas e inviables, fáciles de dominar. ¡Acabamos de perder el Alto Perú sin que sus aliados de Buenos Aires hayan enviado, no un ejército, ni siquiera una nota de protesta! Y pretende usted que también perdamos la Banda Oriental

PONSOMBY No somos tan poderosos, señor gobernador, las cosas suceden también porque tienen que suceder y no porque mi país lo disponga
 
DORREGO (continúa con el hilo de sus argumentos) En contra de eso estaba empeñado Bolívar, en que las nuevas naciones se unieran para hacerse fuertes ante la voracidad de los imperios, en especial del suyo, señor embajador.

PONSOMBY (con desagrado) Bolívar, Bolívar… No habrá olvidado usted el poco eco que tuvo entre las naciones americanas su convocatoria al congreso de Panamá

DORREGO Porque usted y sus aliados se ocuparon de que fracasara. ¿Acaso su amigo Rivadavia no respondió cínicamente a la invitación argumentando que lo haría siempre y cuando asistieran también representantes de Gran Bretaña y de los Estados Unidos?

PONSOMBY (sugerente) Recuerdo ese texto palabra por palabra

DORREGO (comprende) Ah, entiendo, fue usted quien se lo dictó, debí haberlo sospechado.

PONSOMBY En cuanto a Bolívar siempre pesará en su conciencia la muerte de Miranda, el mejor de los revolucionarios americanos.

DORREGO (cortante) Contenga sus expresiones, señor embajador, está usted injuriando a una gran persona a quien tuve la suerte de conocer y de conversar a lo largo de una tarde con su noche.

PONSOMBY  Se comenta que usted le ha pedido ayuda para enfrentar al Brasil

DORREGO Sus espías habrán averiguado si se comprometió o no a ayudarme

PONSOMBY Lo que sí se sabe es que ejerce influencia sobre usted

DORREGO Los necios llaman influencia a lo que es coincidencia.

 (En off vuelve a escucharse ruido de ejército en marcha)

PONSOMBY  Usted me preguntaba hace unos minutos si yo estaría dispuesto a a ayudarlo.

DORREGO No recuerdo haber dicho eso

PONSOMBY  Le acabo de hacer una propuesta generosa que debería usted apresurase en aceptar porque estoy convencido de que corre usted serio peligro. Un gesto de amistad que merecerá una contraparte.

DORREGO (injurioso) Todo es un tomo y daca. Para ustedes la política es sólo una parte de los negocios, y la guerra no es más que una estrategia comercial.

PONSOMBY Me parece que la ruda se le ha subido a la cabeza

DORREGO Y yo un peón insignificante pero en una posición molesta  en el tablero cuya vida o muerte depende de que me allane a las imposiciones (sarcástico) de la “civilización”.

PONSOMBY Le insisto, se trata de amistad recíproca, “reciprocal friendship”. Creo que usted merece pasar a la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata como un gran gobernante, alguien preocupado por el bienestar de sus gobernados, por el progreso de Buenos Aires

DORREGO (hiriente) ¿Cómo su protegido Rivadavia? … Nuestra historia no le perdonará tantos atropellos y lo expulsará de sus páginas. Ni una calle ni una plazoleta recordarán su nombre, téngalo por seguro, no solo en el Cielo hay justicia. 

PONSOMBY  No lo crea, amigo Dorrego. La historia de su país se escribirá en Buenos Aires y recordará que la ciudad a él le debe sus calles empedradas, su iluminación a gas, su universidad, sus colegios lancasterianos. Será recordado como un hombre de la civilización. ¿Cree usted que todo ello hubiera sido posible sin mi… sin nuestro apoyo político y económico?

DORREGO (muestra la bolsita) ¿Cuánto hay aquí dentro?

PONSOMBY Diez mil.

DORREGO ¿Pesos?

PONSOMBY Libras esterlinas (Dorrego no puede reprimir una expresión de asombro: es mucho dinero. Sigue una larga pausa) ¿Cómo está su bella esposa, gobernador? Seguramente gozando de estos tiempos de bonanza para reponerse de los avatares de los extravíos políticos de un esposo tan obstinado.

DORREGO (su atención capturada por la bolsita) ¿Angelita? Bien, gracias

PONSOMBY Coincidirá conmigo en que se merece una vida plácida como las otras señoras de la alta sociedad porteña.

DORREGO (deja la bolsita sobre la mesa. Por momentos volverá a tomarla y luego la dejará otra vez. Conmovido) Sin duda sabe usted ubicar con precisión las zonas sensibles de los demás

PONSOMBY La Corona británica, estoy seguro, vería con agrado recibirlas a ella ya sus hijas y hacerles conocer las bellezas de nuestras islas mientras usted atiende aquí a sus asuntos de gobierno.

DORREGO  Ella siempre soñó con conocer Europa

PONSOMBY Sería egoísmo de su parte, ingratitud también, negarle esa posibilidad

DORREGO (pensativo) Me consuela pensar que sus sufrimientos le habrán ganado la simpatía del Dios al que ella siempre le reza. Ella es sinceramente creyente.

PONSOMBY (sugerente) Debería usted asegurarse de que no haya más sufrimientos en su vida.

DORREGO (emotivo) Angelita siempre me amó así. Durante mi destierro se empleó de costurera y me enviaba cartas de aliento en las que nunca se quejó de su suerte (pausa) Estoy seguro de que si fuese inevitable volvería a hacerlo con la misma dignidad.

PONSOMBY (sincero) Ningún hombre es merecedor de una mujer como ella.

DORREGO ¿Extraña usted a Lady Conyngham?

PONSOMBY (ahora es él el conmovido) Dolorosamente

DORREGO Eso se llama amor

PONSOMBY Tomé conciencia de cuánto la amaba cuando nos separó un océano

DORREGO A mí me pasó lo mismo cuando fui desterrado. Creo que soñé con Angelita todas las noches

PONSOMBY (choca su copa con la de DORREGO) Brindemos por el amor

DORREGO Lo conocimos y hemos aprendido que el verdadero amor es siempre doloroso

(Pausa)
 
PONSOMBY (sinceramente empeñado en convencerlo para evitarle la desgracia futura) Manuel, un buen político debe diagnosticar correctamente los factores de poder, los reales factores de poder, para establecer alianzas que le permitan llevar adelante sus intenciones. Usted está en la incómoda situación de responder a los intereses de las provincias ubicado en el centro mismo del poder porteño. ¿Acaso no fue usted representante de Santiago del Estero en la Legislatura? Y los intereses de Buenos Aires y los de las provincias son incompatibles, absolutamente incompatibles, y mucho me temo que lo serán por mucho tiempo.

DORREGO ¿De dónde cree usted que salieron los soldados que lucharon por nuestra independencia y la mayoría de nuestros mejores oficiales?

PONSOMBY ¿Qué país imagina usted que podría construir con la barbarie que habita las provincias? Una nación civilizada se construye con buenos abogados, buenos economistas, buenos médicos. ¿Los hay acaso entre la chusma que a usted idolatra? ¿Los hay en la Santa Fe de su aliado López, en La Rioja de Villafañe o en el Santiago del Estero de Ibarra? ¿Los hay entre la indiada que domina la mayor parte del territorio de las Provincias Unidas y cuyos supuestos derechos usted reivindica?

DORREGO (intenso) ¿Cree usted que si yo me rindo ante sus argumentos los doctores unitarios dejarían de conspirar en mi contra?

PONSOMBY La realidad lo hará inevitablemente buscar la ayuda de quienes usted ha decidido que sean sus enemigos. Tarde o temprano deberá acudir a ellos porque son ellos los que saben hacia dónde va el mundo hoy. La sensatez debería inducirlo a usted a buscar esa alianza hoy, antes de que sea demasiado tarde, antes de que…De esa manera usted protegerá también a sus queridos pobres porque no creo que los unitarios se conformen con dar cuenta de usted, luego saldrán a la caza de cuanto gaucho federal haya en la campaña para arrancar de cuajo lo que ellos consideran una amenaza (pausa prolongada, beben)

DORREGO El miedo que usted y los “decentes” tienen es que la chusma de la ciudad, también los caudillos provinciales y sus montoneras, aprovechando que yo estoy en el gobierno salgan a la calle y reclamen lo que legítimamente les pertenece por ser ellos también hijos de Dios. Y entonces se terminarían los negociados, las prebendas, los privilegios…

PONSOMBY (impaciente) Si hay algo que un político no puede permitirse es la ingenuidad (pausa, beben)  Volvamos al tema de la Banda Oriental

DORREGO Volvamos (se esfuerza por mostrar convicción)  Usted sabe que si continuáramos la guerra y Gran Bretaña se mantuviera neutral y al menos no obstaculizara la disponibilidad de algunos fondos las Provincias Unidas vencerían al Brasil y la Banda Oriental volvería a ser una de nuestras provincias. Luego le llegaría el turno al Paraguay. También Río Grande del Sur cuyos revolucionarios están dispuestos a unirse a nosotros (se entusiasma)  Y entonces podría dedicarme a hacer mejor la vida de nuestros ciudadanos. A enseñarles a obtener mejores beneficios de sus cultivos, repartiríamos tierras incultas, los proveeríamos de viviendas y de escuelas, protegeríamos sus industrias. Luego usted y yo podríamos sentarnos a anudar acuerdos que fueran beneficiosos para su país y para el mío. Lo haríamos, eso sí, en un plano de igualdad. Y entonces sí, estoy seguro de que seríamos amigos.
           
(En off se escucha otra vez ruido a ejército que se aproxima. Esta vez parecen escucharlo)

PONSOMBY (severo) Le recuerdo, señor gobernador, que faltan pocas horas para que la vanguardia del ejército entre en Buenos Aires y todavía no nos hemos puesto de acuerdo.
 
DORREGO Hace unos minutos hemos acordado que usted se haría cargo de los sueldos.

PONSOMBY Fui claro: sólo en caso de que llegáramos a un acuerdo.

DORREGO Cuando ese ejército de valientes entre en Buenos Aires les explicaré la situación y comprenderán. ¿Ha visto usted el arco de triunfo que he mandado construir en la plaza de la Victoria? También habrá fuegos artificiales para el pueblo y una recepción de gala para los oficiales (larga pausa, beben)

PONSOMBY (suspira, fingiendo resignación) Está bien, usted gana señor gobernador, es usted un buen negociador, convencido y obstinado. Quizás es el efecto de esta pócima de efectos mágicos…

DORREGO (atento) Qué va usted a decirme

PONSOMBY (poniendo peso en sus palabras) Si usted firma el tratado y desiste de continuar la guerra yo podría hablar con el emperador Pedro en Río de Janeiro y quizás encontraría argumentos para lograr que desista de incorporar a la Banda Oriental y dejar que se constituya en una nación independiente. Yo me ocuparía también de que Lavalle y sus oficiales comprendieran que su decisión  ha sido tomada en aras de la imprescindible unidad americana en la que todos estamos empeñados.

 DORREGO (dubitativo) Aún así el Río de la Plata y la Banda Oriental dejarían de ser nuestros… (esperanzado) Pero entonces lo más probable es que los uruguayos pidan volver a formar parte de las Provincias Unidas  

PONSOMBY (sugerente) Eso dependerá de quien gobierne allí. Estoy seguro de que será alguien muy distinto a usted.

DORREGO (comprende) Un Rivadavia uruguayo. No les será difícil encontrar alguno. Siempre los hay a mano. Aquí en el Río de la Plata hay muchos, tantos como cimarrones en la pampa.

PONSOMBY  Es usted ingrato con nuestra Corona. Recuerde que la revolución contra España carecía de jefes militares experimentados.  ¿Quién los ayudó a ustedes a resolver ese problema?

DORREGO Sabía que usted no perdería la oportunidad de alardear por ello. Siempre lo hace. No es elegante ser previsible, señor barón de Imokilly

PONSOMBY (hace como que no lo escuchó) Fue Inglaterra la que subió a San Martín, a Alvear, a Zapiola y a otros en la “George Canning” y los trajo desde el otro lado del océano. También aportó a O’Higgins a Chile, a Bolívar a Venezuela y así en casi todas las colonias insurrectas.

 DORREGO Usted llama colaboración a lo que fue, debo reconocerlo, una brillante operación para debilitar a otra potencia colonial y quedarse con el dominio comercial de sus colonias perdidas. Ya que le gustan a usted las citas sabrá quién dijo esta frase: “La América española es libre y si los ingleses manejamos con habilidad nuestros negocios ella será inglesa”.

 PONSOMBY  Insiste usted en atribuir ocultas intenciones a nuestras acciones.

DORREGO Lo dijo George Canning, su Primer Ministro hasta hace pocos meses (sombrío) Lo cierto es que usted maneja los negocios ingleses con habilidad porque aquí dominan ustedes el banco, la aduana y, sobre todo, la codicia de los doctores unitarios. Pero todavía no han podido con el alma de los criollos y estoy seguro de que nunca lo lograrán (forzando su convicción), nunca (larga pausa, beben)

PONSOMBY El tiempo apremia, señor gobernador…

DORREGO (exasperado) Ya le he dicho que la religión no me alcanza como consuelo. Entonces lo único que me cabe es hacer de mi vida algo digno, apostarla a algo en lo que creo, de eso hemos estado hablando desde que comenzamos a conversar (sentido, profundo)  El haber andado por tierras americanas me ha hecho conocer la inmensa e injusta miseria de sus habitantes. Una miseria que no se debe a la naturaleza que es exuberante y que podría alimentar a varios planetas, sino que su razón está en el vil egoísmo de quienes… (la frase ha ido perdiendo fuerza hasta el silencio. Perturbado, sopesa la bolsita) No se imagina, milord, lo tentado que estoy de aceptar su soborno…

PONSOMBY (fingiendo ofensa) Cuide sus palabras, señor gobernador, eso es un premio. O si lo prefiere un préstamo que usted cancelará cuando le sea posible.

DORREGO  Aquí dentro está la casa con que siempre soñé para mí y mi familia, también una finca para cultivar frutales y vivir de sus cosechas

PONSOMBY Estoy seguro de que las personas de bien se disputarían el privilegio de asistir a tertulias en su casa

DORREGO (intenso) Yo también estoy seguro de ello pero lo que sucede es que algunos estamos condenados a hacernos cargo del infortunio de los perdedores de la sociedad, aquellos a quienes les está negado casi todo lo que de bueno tiene la vida. Eso es lo que debería hacer todo buen cristiano para poder ser llamado así. ¿Acaso no fue Cristo quien le dijo a aquel joven rico que si quería ser perfecto vendiera todo lo que tenía, se lo diera a los pobres y entonces tendría en el Cielo un tesoro?

PONSOMBY  Luego lo invitó a seguirlo pero el joven no lo hizo porque, según el Evangelio de Mateo, “tenía muchos bienes”.

DORREGO Muchas veces he pensado si yo hubiera seguido a Cristo o hubiera hecho lo mismo que el joven. Es la misma terrible duda que me hace vacilar en aceptar sus propuestas aunque sé, lo sé con absoluta certeza, que de hacerlo mi conciencia nunca me lo perdonaría. Sería entonces uno más de aquellos a quienes desprecio y que me hacen sentir orgulloso de que me odien porque a pesar de mis imperfecciones, de mis vacilaciones, saben que soy distinto y por eso me sospechan peligroso.

PONSOMBY Tiene usted incrustado en el alma ese equívoco católico de que el dinero es algo malo. Por suerte Lucero y Calvino corrigieron eso. La riqueza no es mala si es bien habida, señor gobernador, la buena riqueza es señal de que Dios mira con simpatía al afortunado y es indicio de que el paraíso lo espera luego de la muerte.

DORREGO ¿Conoce usted alguna riqueza bien habida, milord?. Por lo menos en estas tierras no la hay. Siempre hay un encomendero, un contrabandista, un traficante de esclavos o un cura corrupto en tiempos pasados. ¿Conoce usted a San Juan Crisóstomo?.

PONSOMBY (hace alarde de sus conocimientos) Patriarca de Antioquia en el siglo IV o quizás en el V después de Cristo, uno de los tantos dioses del politeísmo católico.

DORREGO (irónico) Sus conocimientos me van a hacer sospechar que la Biblia es también un invento británico… Juan Crisóstomo predicaba en contra de las riquezas de los habitantes de aquella ciudad que gozaba de un rentable comercio y por eso sufrió terribles persecuciones. Escuche usted (toma un libro y lee) : “Dime, ¿de dónde te viene a ti ser rico? ¿de quién recibiste la riqueza? Y ése ¿de quién la recibió?. Del abuelo, dirás, del padre. ¿Y podrás, subiendo por el árbol genealógico, demostrar la justicia de aquella posesión? Seguro que no podrás, sino que seguramente su principio y su raíz ha salido de la injusticia”.  En Buenos Aires los descendientes de esos injustos  son expertos en lavar culpas con donaciones a la iglesia,  destinan algún hijo al sacerdocio o alguna hija al convento, muestran infaltable concurrencia a misa y un severo recato en los modales,  discriminan cruelmente a quienes según ellos tienen sangre impura y, sobre todo, ejercen una crítica despiadada hacia quienes se atreven a apartarse de las buenas costumbres, es decir las de ellos.  Por ejemplo el gobernador Dorrego (hace una reverencia), aquí presente, quien nunca encontró placer en vestir con dispendiosa elegancia ni en asistir a tertulias donde sólo se habla de liviandades y se bebe hasta la ebriedad mientras el país se desgarra en guerras entre hermanos.

PONSOMBY (con afecto) Manuel, tiene usted en sus manos, y no es una metáfora, la posibilidad de una vida holgada a la que es usted merecedor como pocos, como muy pocos, por los servicios que ha prestado usted a su patria. Las heridas en su cuerpo son pruebas irrefutables de ello.

DORREGO Viera usted como me torturan de día y de noche a favor de esta humedad que parece el castigo divino por los pecados de esta nueva Gomorra que es Buenos Aires. ¿Acaso no fue usted quien opinó, al llegar, que Buenos Aires era el lugar más despreciable que jamás había visto?

PONSOMBY  Fue sólo una primera impresión.

DORREGO (debatiéndose consigo mismo) Estoy tan confundido que me franqueo ante quien no debería, ante usted, en quien reconozco un amigo de conveniencia si me someto a su deseo y un enemigo posiblemente mortal si permanezco leal a mis convicciones. Ha logrado usted, milord, que mi alma se atormente en la duda (exaltado) ¡ Si supiera usted lo feliz que me hace desplazarme en el lujoso carruaje que corresponde a mi rango, tirado por los caballos más hermosos de la tierra y custodiado por hombres también elegidos por bellos y fornidos!

PONSOMBY Lo tiene usted en su bolsita

DORREGO Y ver a mi amada Angelita hermosa , hermosísima, en sus vestidos de gala. Y a mis pequeñas hijas felices, rodeadas de niñas que antes les negaban su amistad (toma la bolsita,  y luego de largos segundos de reflexión se la devuelve a PONSOMBY. Este hace el ademán de devolvérsela pero DORREGO se ha alejado)

PONSOMBY (sorprendido, decepcionado) Estábamos empezando a entendernos

DORREGO (desgarrado) Es superior a mis deseos

PONSOMBY (duro) Es usted un petulante si cree que puede resolver los problemas de los demás

DORREGO (angustiado) ¡Cómo me gustaría dejarme arrullar por los poderosos cuando me cruzo con ellos en los desfiles o en los conciertos y me saludan descubriendo sus cabezas y abanicando el suelo con sus galeras porque saben que la buena marcha de sus negocios depende de las medidas de mi gobierno!  Si bajo un impuesto o concedo un permiso los haré aún más ricos y ellos en reciprocidad me participarán de sus negocios de manera que cuando deje el cargo, así lo hicieron casi todos mis antecesores, tendré los bienes necesarios para ser uno más de ellos y entonces será mi turno de quitarme la galera y abanicar el suelo ante el paso del nuevo gobernador.

PONSOMBY (al borde del enojo, guarda la bolsita en el interior de su chaqueta) Creí que podíamos ser amigos.

DORREGO (sombrío) Habrá comprobado, milord, que mis dudas, aunque vigorosas, nunca logran vencer a mis certezas. Le dije: son parásitos resistentes a todo tratamiento. Ni diez mil libras han podido con ellos. Créame que ello no me produce alegría (silencio) En cambio, usted, señor embajador, parece no conocer la duda, siempre tan convencido de sus planes, de sus opiniones (irónico) ¿Los ingleses no dudan nunca?.

PONSONBY (despojado ya de afectividad, recompuesto su rol de representante del Imperio, discursea) No sé si lo dice usted irónicamente, pero lo cierto es que Gran Bretaña es grande, grande en su poderío pero principalmente en sus objetivos. Enseñar al mundo los beneficios de la revolución industrial, del parlamentarismo político, del empirismo científico, del liberalismo económico. Por ello es indispensable que sigamos siendo grandes y de ser posible aún más grandes en este mundo mayoritariamente habitado por seres primitivos y semisalvajes, de religiones heréticas y costumbres ancladas en el pasado remoto. Ser ciudadano del Imperio, señor gobernador, es saberse llamado a una misión superior, la de mejorar la condición humana. Mucho más si se es servidor de la Corona como es mi caso, entonces no hay espacio para la duda. 

DORREGO Cuando lo escucho, señor embajador, mi espíritu se estremece. Temo más a un civilizador convencido de las virtudes del progreso que a un indio que malonea sólo para robar caballos o para hacerse de ginebra … (decidido) Lo mejor me parece es que demos por concluida nuestra conversación.

PONSOMBY (ceremonioso) Le agradezco su amabilidad de recibirme.

DORREGO Mañana llegará el ejército y tengo la esperanza de que Lavalle y los demás oficiales se presentarán ante mí para expresarme su lealtad y para ponerse a mi servicio para hacer de las Provincias Unidas un país que en pocos años será ejemplo a los ojos del mundo. Verá usted que hay argentinos que no son de andar vendiéndose a los de afuera para servirlos en perjuicio de nuestra patria.

PONSOMBY (grave, una pizca de ironía) Espero que tenga usted razón, créame señor gobernador que soy sincero.  No me gustaría volver a ver a su amada Angelita cosiendo para la gente bien de Buenos Aires.

DORREGO Vaya con Dios, señor gobernador. Le enviaré algunas botellas de caña con ruda, se lo prometo.

PONSOMBY No se moleste, prefiero nuestro gin o nuestro brandy. Si cambia de ideas no demore en avisármelo.

DORREGO No cambiaré de ideas. Deshaga sus maletas y escríbale a Lady Conyngham que su espera se prolongará porque la Banda Oriental continuará siendo nuestra.

(En off se escuchan las voces de mando de un fusilamiento: “preparen armas, apunten, ¡fuego!”. Luego un estampido ensordecedor).

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.