1815. La primera declaración de independencia

1815. La primera declaración de independencia argentina es un revelador estudio de los años posteriores a la Revolución de Mayo, anclado en los hechos determinantes a ambas márgenes del Río de la Plata, Buenos Aires, el Litoral y la Banda Oriental. El análisis se centra en las cambiantes y tumultuosas relaciones entre Artigas y la sucesión de autoridades porteñas, la Junta ampliada, la Asamblea del Año XIII, los Triunviratos, los Directorios. Derrotado Napoleón, repuesto Fernando VII en el trono, bajo la amenaza de una poderosa expedición que partiría de España para recuperar el virreinato y las permanentes incursiones de portugueses y brasileños sobre territorios de las Provincias Unidas supervisadas por Gran Bretaña, en medio de tanto caos y peligros, la recién estrenada revolución comenzaba a delinear dos modelos de país: uno cauto y centralista que defendía la exclusividad de la renta portuaria y los intereses de las elites económicas e ilustradas; y otro que concebía la independencia como un recambio de cúpulas, de españolas a criollas, la cesión de algunos derechos para el pueblo, sin el pueblo, una independencia relativa, negociada y amparada por las potencias. El 29 de junio de 1815, en Concepción del Uruguay, convocados por Artigas, casi exactamente un año antes que en Tucumán, los Pueblos Libres declararon la independencia bajo un régimen constitucional democrático que garantizaba el voto popular, la reforma agraria, la libertad de culto y el federalismo. Las actas del congreso se han perdido o fueron destruidas. Durante doscientos años la historiografía oficial ha negado aquel hecho crucial, protagonizado por el enemigo, el traidor Artigas y los gobernadores federales. Sin embargo, no existe el crimen perfecto: quedan rastros, indicios, evidencias, cartas y documentos que permiten reconstruir lo que la historia ha ocultado. En 1815. La primera declaración de independencia argentina, Pacho O'Donnell comienza a levantar el velo.

 

Fragmento: "La primera declaración independentista"


Las evidencias indican que la primera Declaración de la Independencia de nuestra Patria se produjo el 29 de junio de 1815 en Arroyo de la China, hoy  Concepción del Uruguay en la Provincia de Entre Ríos,  por parte de las provincias federales, los Pueblos Libres, bajo el liderazgo de su Protector, el gran caudillo José Gervasio Artigas. Un hecho ocultado durante dos siglos por la historia oficial por haber sido promovido por sus a la postre derrotados adversarios, los federales artiguistas, que proponían una organización confederal para las Provincias Unidas del Río de la Plata, como entonces se llamaba nuestro país,  en contra del proyecto centralista de los mandantes porteños y sus pares del otro lado del río, quienes invocaban derechos naturales para regir al resto de las provincias.

Los “Pueblos Libres” se oponían a que la capital estuviese en Buenos Aires y reclamaban el derecho de las provincias de designar sus propias autoridades y de contar con fuerzas armadas propias, también que los ingresos de la Aduana  rioplatense, únicos recursos significativos, dejasen de ser exclusivos de los porteños y se repartiesen equitativamente con las provincias.

Además cuando gobernaron, como lo hizo Artigas en la Banda Oriental, siendo imitado por otros gobernadores en las provincia de nuestro Litoral, pusieron en práctica la repartición de tierras a sectores humildes y la toma de decisiones en base al voto popular, lo que contradecía el sistema oligárquico y elitista que permitía que los “decentes” de ambas orillas del Plata conservaran y consolidaran sus privilegios económicos, políticos y sociales. Es de señalar que ambas acciones fueron completamente pioneras no sólo en nuestra Argentina sino también en el mundo entero

Cabe señalar que la reivindicación del Congreso de Oriente o de los Pueblos Libres no propone el desmedro del de Tucumán el 9 de julio de 1816, pues es notoria la complementariedad de ambos, lo que hace aún más insólito su ocultamiento por parte de nuestra historia consagrada. Al de Tucumán concurrieron las provincias andinas: Cuyo, el Noroeste, el Alto Perú, además de Buenos Aires quien había fracasado en su intención de organizar la convocatoria en su territorio. Al de Concepción del Uruguay fueron las provincias litorales: la Banda Oriental, las misiones, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. Córdoba envió delegaciones a ambos Congresos. 

Encontramos aquí una de las evidencias más contundentes de la realización del Congreso de Oriente y de la concreción de su propósito independentista: ninguna de las provincias que a él concurrieron participó del que tuvo lugar en Tucumán. Ya habían cumplido con el trámite en Concepción del Uruguay. 

No han llegado las actas hasta nuestros días. Quizás no las hubo o fueron hechas desaparecer como muchos otros documentos federalistas y antiporteñistas por parte de los inclementes unitarios liberales vencedores de nuestras guerras civiles. O por los invasores luso-brasileños. Pero dicha evidencia puede ser sustituida por el registro documentado de la obsesión de Artigas por declarar la independencia de las Provincias del Sur, como fuese evidente en las instrucciones a sus delegados a la Asamblea del Año XIII.
EVIDENCIAS

 

  1. Anticiparemos algunas, que iremos desarrollando a lo largo de estas p{aginas:
    En las Instrucciones artiguistas para la Asamblea del Año XIII, en su encabezamiento, antes del articulado, se leía: “Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el Estado de España deber ser totalmente disuelta”.
  2. El rechazo de sus delegados a la citada Asamblea, que no cumplió con su inicial propósito independentista por ingerencia de Gran Bretaña a través de los delegados miembros de la Logia Lautaro, no disminuyó la obstinada decisión de Artigas y de otros gobernadores federales en declarar la independencia de las Provincias Unidas, como entonces se llamaba nuestra Argentina, lo que los llevaría a aprovechar la primera oportunidad propicia para hacerlo. Y esa fue el “Congreso de Oriente”.
  3. En la memorable oración inaugural del Congreso de Tres Cruces el caudillo oriental expresó: “La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero”.
  4. Cuando Artigas tomó conocimiento de la Declaración de Independencia en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816 , escribió al Director Supremo en Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón el 24 de ese mes: “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento”.
    Su habitual prudencia lo habría llevado a referirse sólo a la provincia bajo su influencia, no haciéndose vocero de las otras provincias participantes, las que también vivían tiempos de inestabilidad política, como era el caso de Santa Fe donde el artiguismo había sido desplazado por una fuerza militar porteña al mando de Juan José Viamonte quien había impuesto al centralista Juan Francisco Tarragona como gobernador, que a su vez fue depuesto por una sublevación acaudillada por Estanislao López.  
  5. El hecho de que ninguna de las provincias que asistieron al Congreso de Oriente o de los Pueblos Libres concurriera  al de Tucumán es evidencia de que ya consideraban cumplido el propósito independentista.  Por otra parte eran las que propugnaban una organización y constitución federal, republicana, popular y americanista, lo que no coincidía, salvo excepciones, con las concurrentes a Tucumán. La presencia de los delegados porteños en ésta tampoco era un aliciente ya que la liga federal de los Pueblos Libres se encontraba en guerra con el puerto y no ignoraba que la invasión portuguesa desde el Brasil era alentada desde allí.
  6. El cabildo de Corrientes dejó sentado las conclusiones de los debates sostenidos en Concepción del Uruguay: “Viéndose penetrado de la utilidad y necesidad de convenir, consultando la beneficencia del pueblo, su representado, con las benéficas y liberales ideas con que el señor General (Artigas) promueve la santa causa de los pueblos, para colocarlos en el goce pacífico de sus primeros derechos, las cuales ni son opuestas al sistema esencial de la América, ni distintas de las que se adoptaron en la primera época de la instalación del gobierno provisorio de la capital de Buenos Aires, se resolvió declarar la independencia bajo el sistema federativo y al General Don José de Artigas por Protector”.
  7. Las instrucciones que llevó el delegado santafesino al Congreso de Oriente reproducían casi literalmente las enviadas en 1813 a la Asamblea reunida en Buenos Aires: “1º Pedirán la declaración absoluta de la independencia de la Corona de España y familia de los Borbones”. Pocas dudas quedan que las demás provincias habrán propuesto y votado iniciativas similares ya que la declaración de la independencia era un eje clave de la unión federal.
  8. Las provincias adheridas al federalismo artiguista se reconocían como Pueblos Libres, y daban al oriental el título de Protector de los Pueblos Libres. Ese fue el nombre que se dio al congreso librado en Arroyo de la China o Concepción del Uruguay, Congreso de los Pueblos Libres. ¿Libres de qué? Obviamente libres de la tutela hispánica en primera instancia, luego también del autoritarismo porteño. Se proclamaron pueblos independizados y la convocatoria de 1815 fue el lugar y el tiempo para refirmarlo.  
  9. El hecho de no haberse encontrado actas del Congreso puede ser considerado un dato en contra de lo que en estas páginas sostenemos. Sin embargo también puede razonarse que la importancia del mismo y de que hubieran sido los federalistas sus protagonistas, haya puesto en operación la conocida estrategia del centralismo oligárquico, liberal, extranjerizante, antiprovincial de oscurecer o suprimir todo lo referente a sus vencidos en las guerras civiles, habiendo tomado especial cuidado en este caso. Tengamos presente lo que se pretendió hacer con la epopeya de la Guerra del Paraná, más conocida con el nombre del primer combate, el de la Vuelta de Obligado.