EL CHE Y EL PARTIDO COMUNISTA BOLIVIANO

Hasta pocos días antes de salir el Che desde Cuba para iniciar su campaña en Bolivia contaba con la ayuda que Mario Monje, el secretario general del Partico Comunista de Bolivia (PCB) había prometido a Fidel Castro. Pero eran tiempos de Guerra Fría y Moscú y Washington se habían repartido el mundo y América Latina era zona de influencia norteamericana quien a cambio respetaba el dominio comunista sobre otras zonas del planeta. Moscú, enterado del acuerdo entre Fidel y Monje, ordenó desactivarlo.

El 31 de diciembre del 66 se produce en la selva de Ñancahuazu, al sureste de Bolivia, la reunión planeada de antemano entre el Che y el secretario del PCB. El principal objetivo de Monje, a esa altura de las negociaciones,  era salirse de la escena. Ha encontrado la forma: exigirle al Che lo que sabe que éste nunca le concederá: el mando militar de la fuerza guerrillera.  La explicación está en el diario del Che del día siguiente: “Me parece que Monje se agarró a ese punto porque ‘Coco’- uno de los bolivianos integrantes de la guerrilla-  le dijo que yo no cedería el mando militar”. ‘Coco’, al traerlo a Monje  desde La Paz,  llegando a Camiri le comentó que Guevara el mando militar no lo iba a ceder porque había tenido una mala experiencia por una situación similar en el Africa. Monje llega entonces al encuentro con una gran ventaja, tiene sus cartas marcadas y se aferra a ese punto para crear un conflicto y  salirse políticamente argumentando que el Che no había aceptado sus condiciones y por consiguiente el PCB no daría su apoyo.

El Che da cuenta en su diario del encontronazo que sostuvo con el secretario general del PCB:

“31 de diciembre.

“A las 7.30 llegó El Médico con la noticia de que Mario Monje estaba allí. Fui con Inti, Tuma, Urbano y Arturo. La recepción fue cordial pero tirante; flotaba en el ambiente la pregunta: “¿A qué vienes?”.

“La conversación con Monje se inició con generalidades pero pronto cayó en su planteamiento fundamental, resumido en tres condiciones básicas:

“1)  El renunciaría a la dirección del Partido, pero lograría de éste al menos la neutralidad y se extraerían cuadros para la lucha.

“2) La dirección político-militar de la lucha le correspondería a él mientras la revolución tuviera un ámbito boliviano.

“3) El manejaría las relaciones con otros partidos (comunistas) sudamericanos, tratando de llevarlos a la posición de apoyo a los movimientos de liberación (puso de ejemplo a Douglas Bravo).

“Le contesté que el primer punto quedaba a su criterio como secretario del Partido, aunque yo consideraba un tremendo error su posición. Era vacilante y acomodaticia y preservaba el nombre histórico de quienes debían ser condenados por su posición claudicante. Que el tiempo me daría la razón.

“Sobre el tercer punto no tenía inconveniente en que se tratara de hacer eso, pero estaba condenado al fracaso. Pedirle a Codovila ( secretario general del PC de Argentina) que apoyara a Douglas Bravo ( miembro del Comité Central del PC venezolano quien renunció al mismo porque se negó a acatar la decisión de abandonar la lucha armada y pasó a liderar el Frente de Liberación Nacional) era tanto como pedirle que condonara un alzamiento dentro de su partido. El tiempo también sería el juez.

“Sobre el segundo punto, no podía aceptarlo de ninguna manera. El jefe militar sería yo y no aceptaba ambigüedades en esto. Aquí la discusión se estancó y giró en un círculo vicioso.

“Quedamos en que (Monje) lo pensaría y hablaría con los compañeros (camaradas) bolivianos. Nos trasladamos al campamento nuevo y allí habló con todos planteándoles la disyuntiva de quedarse o apoyar al Partido; todos se quedaron y parece que eso lo golpeó. A las 12 hicimos un brindis en que señaló la importancia histórica de la fecha. Yo contesté aprovechando sus palabras y marcando este momento como el nuevo ‘Grito de Murillo’ de la revolución continental y que nuestras vidas no significaban nada frente al hecho de la revolución”.

En La Habana, Urbano, casi cuarenta años más tarde,  me aportaría otros datos significativos: “Cuando Monje llega a una distancia de 10 a  15 metros de donde está el Che, al verlo, dice “¡Coño, Che, qué flaco estás!”, y el Che, jocoso, le responde  “¡Coño, Mario, qué barrigón que  estás!”. Después los dos se dan un abrazo y  a las once de la mañana, después de dos horas de hablar de distintos temas y tópicos, el Che dice: “Bueno, Monje, ha llegado la hora que tanto esperábamos y a ti te toca jugar un gran papel en esta historia: serás el segundo jefe de la guerrilla y el jefe político, siempre aparecerás ante tu pueblo como el jefe. Firmarás todos los comunicados en nombre de nosotros, pero siempre cumpliendo instrucciones mías”. Monje: “Mira, Che, yo no permito que ningún extranjero mande la lucha armada en mi patria, si fuera en otro país nomás iría contigo para  aunque sea para cargarte la mochila”. El Che: “Monje, tú sabes que yo considero a Fidel mi maestro, y si yo me encontrara en Argentina y Fidel llegara, inmediatamente me subordinaría a él porque sé que sabe más que yo. En esas condiciones tú te encuentras hoy aquí. Tú sabes que la revolución cubana me ha dado a mí unos conocimientos que tú no tienes. Cuando esta noticia salga al exterior y digan que aquí está el Che Guevara y Mario Monje, nadie  va a creer que Mario Monje está conduciendo al Che Guevara. La falsa modestia no nos conduce a nada”, terminó diciendo el Che.                                        

“Pero Monje no quiso ceder: “Mira Che, ni aunque venga Lenin yo le entrego el poder. Además la CIA puede infiltrar un hombre en la guerrilla y darse cuenta de que yo no soy el jefe efectivo”. El Che: “Si esto es lo que te preocupa yo me comprometo a levantarme bien temprano todos los días, cuadrarme ante ti delante de la tropa y pedirte las instrucciones, y con eso dejamos satisfecho al agente de la CIA”.

 Urbano continuó: “Monje, en la reunión con los bolivianos les dice que están a tiempo de abandonar la lucha y que el que no lo hiciera sería expulsado del partido. Y que sus familiares se morirían de hambre porque no podrían contar con ningún tipo de ayuda económica por parte del partido. El compañero Carlos, indignado, abandonó la reunión, se dirigió al Che y le manifiesta: ‘Ramón, vamos a tomarlo preso y lo  fusilamos aquí mismo’. El Che, lógicamente, no iba a hacer eso y le dijo que la historia se encargaría de juzgarlo.”

Guevara comprende, sin que Monje lo haya dejado explícito al retirarse del campamento guerrillero, que la relación con el PCB había terminado.

La ruptura de relaciones con el PC boliviano para algunos pone sobre el tapete el talento estratégico del Che pues su actitud rígida, sin duda influida por la experiencia nefasta de haberse subordinado a la conducción militar de Kabila en el Congo, parece dar la razón a quienes no cuestionan su coraje y obstinación de combatiente pero sí lo hacen acerca de su capacidad de negociar, de acordar, de postergar, condiciones imprescindibles en un conductor.  Fidel seguramente hubiera tratado de suavizar las discordias, cerrarle a Monje el camino de la huida, aceptar su conducción militar en la seguridad de que los hombres seguirían al de mayor experiencia y prestigio. La diferencia entre el cubano y el argentino se ponen en evidencia: Castro es un político, Guevara oscilará entre el monje, el aventurero y el exterminador. Fidel se resignará a las opacas e ingratas tareas del realismo político, que desarrollará con indudable talento de funcionario aunque eso mismo le negará  el ingreso en la Historia grande, en tanto el Che llegará al fanatismo en su opción por el idealismo moral a escala planetaria, por la pureza revolucionaria exigida en los demás pero sobretodo en sí mismo, por el heroísmo consagrado al Bien (el antiimperialismo) en su lucha contra el Mal (los Estados Unidos)      

A raíz de la defección del PCB el futuro Ejército de Liberación Nacional de Bolivia se quedará sin estructuras políticas y logísticas en las ciudades. Nunca contaría con el apoyo que tuvo por parte del Movimiento ‘26 de Julio’ o del comunismo cubano (PSP) , esencial en la victoria sobre Batista. En el análisis del mes de diciembre el Che tratará de consolarse reflexionando que la actitud de Monje podría retardar el desarrollo del proyecto pero también contribuir a liberarlo de compromisos políticos.

El Comité Central decidió enviar una carta a Fidel Castro con la esperanza de detener el curso de los acontecimientos y conseguir la dispersión de la guerrilla. En ella se aludía a la discusión sostenida entre el Che y Monje insistiendo en “el criterio de que la revolución boliviana debe estar dirigida por bolivianos” y  reclamaba ese derecho por contar “con los cuadros para enfrentar la lucha”.  A partir de entonces el PCB no sólo no brindará ayuda al Che sino que desarrollará un activo saboteo. ‘Chato’ me informará que, encontrándose en Moscú por estudios, había recibido el encargo de ‘Inti’ de reclutar jóvenes bolivianos para ser entrenados allí en las técnicas de la guerrilla y luego incorporarse a la del Che. El Partido Comunista soviético respondería que lo harían solo con anuencia del PC de Bolivia, autorización que nunca llegó. Por su parte, el comité regional de Cochabamba se había comprometido a enviar un experto montañista para facilitar los desplazamientos de la columna rebelde pero recibió la orden perentoria del Comité Central de no mandar ni un solo hombre a Ñancahuazu.

Todo ello no impedirá que en el pleno que el PCB celebraría el 19 de enero de 1968, cuando la guerrilla ya había sido exterminada y su jefe asesinado, sus miembros expidieran un documento en el que se rendía “fervoroso homenaje a los heroicos guerrilleros que con su sangre generosa empezaron a abrir el camino de la verdadera liberación de nuestra patria.” A renglón seguido aseveraban que “el Partido no supo de la presencia del Che Guevara en nuestro país” pero que “conocemos el proceso preparatorio de la guerrilla ya que en él fueron actores principales nuestros tres secretarios y sus suplentes.”

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