UNA PUEBLADA MARAVILLOSA El festejo del Bicentenario

Será tarea de sociólogos, politólogos y también psicólogos comprender lo sucedido el pasado fin de semana. La gente de la capital y aledaños se echó a la calle con hijos y abuelos a celebrar con alegría el cumpleaños de la Patria. Demostrando que la vernácula tendencia a la autodenigración, que Jauretche marcaba como un mecanismo de la dependencia y el atraso, es privativa de la clase dirigente. Aquella del “este país de mierda”. La gente común, en cambio, la que lleva adelante el esfuerzo nacional, salió a festejar que el Bicentenario nos encuentra de pie, dignos, orgullosos de haber superado grandes dificultados que hubieran tumbado a otros países. ¿Acaso hoy Grecia no clama por una ayuda billonaria en dólares para enfrentar una crisis que nosotros superamos sin ninguna ayuda, con sangre, sudor y lágrimas, con un elevado costo social que hoy está en vías de restauración? ¿Acaso no nos hemos sacudido una de las más sangrientas tiranías de la historia mundial? ¿Y las hiperinflaciones y la estafa del “corralito”, que nos hicieron más astutos en el manejo de nuestros ahorros?  

Un motivo de satisfacción personal es que la versión histórica que vertebró el festejo fue la que vengo sosteniendo desde hace tiempo con el costo de la soledad y la descalificación, el revisionismo nacional y popular. Es por ello que uno de los carros del desfile del martes estaba dedicado a la gesta de la Vuelta de Obligado, la epopeya ocultada por la historia oficial,  y que entre los cinco próceres argentinos evocados en la inauguración de la galería de próceres latinoamericanos estaba Juan Manuel de Rosas con lo que se reivindicó a quienes propusieron una organización federalista para nuestra Patria y que fueron derrotados en la guerra civil por la oligarquía librecambista de Buenos Aires que luego puso empeño en degradarlos en nuestra memoria.  

El discurso de la Presidenta en esa misma oportunidad tuvo una valiente toma de partido historiográfica cuando cuestionó a quienes reivindican a la Argentina del Centenario oponiéndola a la actual. Acertó al señalar que aquel era un país que enriquecía a algunos pero que empobrecía a casi todos, quienes debían someterse al estado de sitio, a la represión, al fraude electoral y, sobretodo, a la absoluta ausencia de protección social para los trabajadores que estaban así  a merced del arbitrio de sus patrones.

Fue muy coherente que Macri festejara en el Colón, eficientemente restaurado, rodeado de una elite del poder económico y social, y el gobierno en la calle, en olor de multitud. A propósito ¿tiene alguna importancia que la Presidenta no haya concurrido a un teatro al que, sospecho, debe de haber concurrido en muy contadas oportunidades como la inmensa mayoría de ciudadanas y ciudadanos, yo incluido, en oportunidad en que el propósito no era celebrar el Bicentenario sino la recuperación de la sala? 

Otra pregunta: ¿pueden relacionarse estos días con el 17 de octubre del 45?. Recordemos a Scalabrini Ortiz (“Hechos e ideas”, 1946): "Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad, sin reatos y sin disimulos".

Una conclusión es que el gobierno Kirchner sale fortalecido, siempre y cuando no cometa la torpeza de querer “capitalizar” lo sucedido. No lo necesita. Porque la gente celebró sin ninguna resistencia a quienes organizaron y presidieron los festejos. También porque la organización fue brillante y el diseño de los actos inteligente y creativo. Seguramente sus opositores fruncirán el ceño pues ya no estarán tan seguros de su segura derrota en el 2011, sobretodo si además el seleccionado argentino cumple, como estoy seguro que cumplirá, una buena perfomance en el Mundial de Sudáfrica.

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