JORGE LANATA Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO

Respeto mucho a Jorge Lanata, no sólo como periodista sino también como historiador ya que ha sido autor del  texto de historia argentina más vendido de todos los tiempos, en el que, paradojalmente,  hay varios temas en los que corrige a la historia oficial.

Considero necesario poner en claro, a raíz de sus recientes declaraciones que pudieran generar algún malentendido, que el revisionismo histórico no es una creación del kirchnerismo para reescribir la historia en su provecho. Lo que es cierto es que la orientación historiográfica de nuestra Presidenta es revisionista, lo que es coherente con su condición de peronista. Otros presidentes han sido adeptos de la historiografía liberal u oficial.

Esta es la que siempre nos contaron y nos enseñaron,  es la que escribieron los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX y su espíritu no pudo sino reproducir la ideología oligárquica, porteñista, liberal en lo económico y autoritaria en lo político, antihispánica y anticriolla de aquellos cuyo proyecto de país estaba resumido en el dilema sarmientino entre “civilización”, lo europeísta-porteño, y “barbarie”, lo criollo-provincial.

Estaban convencidos del país que querían y lo llevaron adelante sin reparar en medios, fundamentados en abstracciones quasi místicas como “civilización”, “progreso”, “libertad (de comercio)” acuñadas y difundidas en el mundo a favor de intereses imperiales, sobre todo británicos.

Para ellos civilizar fue desnacionalizar. Para llevar a buen puerto ese proyecto de organización nacional consideraron imprescindible renunciar a lo criollo y a lo hispánico que constituían la identidad medular de lo argentino. Bregaron por la transformación de la Argentina en lo que no era pero que ellos consideraron que debía ser.

Debieron enfrentar una “dificultad” supina: sus habitantes, la plebe, las mayorías populares, “no servían” para el proyecto “civilizador”. No olvidaban que era contra ellos que habían combatido a lo largo de los años de guerras civiles pues los criollos, los indios, los gauchos, los mulatos, los orilleros habían sido leales, en su inmensa mayoría, a quienes representaron sus intereses ante el despotismo liberal porteño: Artigas, Dorrego, Rosas, Ramírez, Peñaloza, Felipe Varela. Todos ellos, vale apuntar, de finales trágicos

Contra esa versión tendenciosa surgió en el pasado el “revisionismo histórico” cuyo primer antecedente puede encontrarse en Juan B. Alberdi, de regreso del elitismo, cuando acusó a Sarmiento y a Mitre de “ejercer un despotismo turco en la interpretación de la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos”. (“Escritos póstumos”).

Luego sería el turno de Adolfo Saldías, autor de una ecuánime “Historia de la Confederación Argentina” que le valió el anatema de la oligarquía liberal. A continuación los nacionalistas católicos Carlos Ibarguren, los hermanos Irazusta, y por fin nuestros antecesores, los nacionalistas populares, rápidamente convertidos al peronismo el 17 de octubre, quienes compartían la opinión de José María Rosa: “La Confederación Argentina con su sufragio universal, igualdad de clases, fuerte nacionalismo  y equitativa distribución de la riqueza era tenida como una verdadera y sólida república “socialista” adelantada al tiempo y nacida lejos de Europa”.     

También son nuestros maestros en el revisionismo nacional, popular y federalista Scalabrini Ortiz, Jauretche, Cooke, Castellani, Chaves  entre los peronistas y Abelardo Ramos, Ugarte, Hernández Arregui representantes de la izquierda nacional.

Lo que unía y une a los revisionistas  es lo que en “Política Nacional y Revisionismo Histórico” expresó Arturo Jauretche:  “Véase entonces la importancia política del conocimiento de una historia auténtica; sin ella no es posible el conocimiento del presente y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será, que no por difuso es inaccesible e inaprensible”.

Al desconocer nuestra historia verdadera quedamos como barco a la deriva, listos para ser devorados por los de afuera, imperios o holdings financieros,  en colaboración con los “socios” de adentro.

 

"Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. 
Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. 
La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas."

Rodolfo Walsh.

 

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