¿ES PSICOANALISIS LO QUE HOY SE PRACTICA EN ARGENTINA?

El psicoanálisis ha construido el sistema conceptual más desarrollado y acertado para el desciframiento de la mente humana. Pero dicha excelencia no ha tenido su correlato en la aplicación clínica, tanto es así que el mismo Freud, dueño de un asombroso rigor autocrítico, llegó a dudar de su eficacia terapéutica.

Ello justifica los esfuerzos por desarrollar técnicas que, basadas en el psicoanálisis, logren resultados positivos con una velocidad reclamada por la aceleración de los tiempos que corren: el psicodrama psicoanalítico, las terapias breves, las terapias grupales, etc.

Lo cierto es que los mayores avances en el tratamiento de las neurosis, y sobre todo en las psicosis, han estado a cargo, en los últimos tiempos, de la psicofarmacología. Hoy no se justifica, es mala praxis, que depresiones o ansiedades sean tratadas únicamente con psicoanálisis. Es ésta una premisa a tener en cuenta debido a que su práctica ha desbordado el campo médico y son muchos los psicoanalistas que provienen de otras titulaciones  (psicólogos, sociólogos, filósofos), inhabilitados para recetar. No faltan tampoco los que se autorizan a serlo sin título universitario.   

Hay problemas propios de un país periférico como el nuestro: ¿se puede llamar psicoanálisis a los difundidos  tratamientos de una sesión semanal, frecuencia más determinada por la crisis económica que por consideraciones diagnósticas?. También la estrechez económica ha perjudicado otra exigencia freudiana: que el psicoanalista atraviese un exigente tratamiento personal para que sus conflictos no se entreveren con los de su paciente.

Por fin, en los últimos tiempos el psicoanálisis ha perdido “presencia social” debido a una complejización de su lenguaje que ha desembocado en un código incomprensible para la ciudadana y el ciudadano común, lo que hace extrañar a los Pichón Riviére, Abadi o Mimi Langer que cuando eran consultados por los medios daban verdaderas clases de psicoprofilaxis social. Es esta infatuación seudocientífica de muchos psicoanalistas un indudable aporte a la estupidización colectiva que hoy padece nuestra Àrgentina, cuando, de ser leales a Freud, debería suceder lo contrario.

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